Curiosidades de Euforia: lugares reales.

¡Hola, hola!

Tenía preparada esta entrada para publicarla al poco de que saliera la novela, pero por unas cosas y otras, al final siempre la dejaba ahí. Pues hoy quería contaros un poquito sobre la base real que aparece en la novela, sobre los lugares que pisan los personajes. Hoy me centraré en los diferentes escenarios donde sucede la acción, porque esos lugares existen.

Jun vive en Seúl, y algo de la cuidad se verá cuando haga de guía turístico en cierta parte de la historia. No esperéis aquí gran cosa porque van al palacio más visitado de toda Corea del Sur y a pocos sitios más, como el ayuntamiento. La plaza de Gwanghwamun, que es la antesala del palacio Gyeongbokgung, tiene unos 500 metros de longitud y debajo guarda el centro cultural Sejong. También nombro el mercado de Tonguin, uno de los más grandes y que cuentan con moneda propia. Al comienzo debes cambiar tus wones por esas moneditas y te dan a su vez una bandeja. Debe de ser toda una experiencia comer allí.

Plaza Gwanghwamun - Banco de fotos e imágenes de stock - iStock
Plaza de Gwanghwamun con el palacio detrás.
Túmulos funerarios (Gyeongju) Corea del Sur
Túmulo funerario.

Sin embargo, toda la acción se va a desarrollar en la ciudad natal de Jun y sus amigos, Gyeongju, al este de Corea. Una de esas ciudades emblemáticas por su historia y conocida por albergar el mayor número de túmulos funerarios. Apodada como “el museo sin paredes”, data de la época de Silla y fue la capital del reino. Además, tiene muchos parques y un lago artificial, el lago Bomun, muy turístico, y cuyos paseos bajo los cerezos en flor te podrían quitar el aliento. También tiene dos estaciones de tren, una en el centro y otra a las afueras, más moderna, y desde la que llega el ktx, el tren expreso, que une Seúl con Gyeongju, entre otros. Uno de los tantos lugares turísticos que ver es el puente Woljeonggyo, abajo en la imagen. Unía el palacio Wolseon con la montaña Namsan.

Puente Woljeongyo en Gyeongju
Puente Woljeonggyo.
Exterior del Sugar Hotel.

Sin embargo, lo más destacable de la ambientación real que usé, es el Sugar Hotel. Que sí, existe. Aunque entra dentro de la lista de los hoteles del amor (en los alrededores hay alguno más, pero también más notable de que son para lo que son), yo no quería que tuviera esas connotaciones en mi historia, así que me puse a buscar por otro lado; pero entonces leí varios blogs y reseñas de españoles y extranjeros que habían acabado en el Sugar Hotel por su ubicación. Más allá de destacar sus habitaciones estrambóticas y lo céntrico que quedaba, no me dio la sensación de que nadie se sintiera incómodo durante su estancia. Así que dejé que Jun se hospedara allí. Lo cierto es que me gustó mucho en un principio porque tenía mucha personalidad y daba mucho juego a la hora de interactuar con Momji y hacer bromas. Por aquí unas pocas fotos para que os hagáis una idea de a lo que me refiero con estrambótico.

También sale una playa que está a hora y media de Gyeongju, aunque aquí sí me tomé la licencia de crear el acantilado que sale en la portada y el aparcamiento tan importante para el clímax de la historia. Sin embargo, los tiempos con el transporte tanto en tren como en coche, están comprobados.

Acantilado que aparece en la portada de Euforia, ilustración obra de Inma Moya.

Y hasta aquí la entrada de hoy. ¡Espero que os haya parecido interesante! Al final, con esta novela recopilé muchísimos datos e información, y esta en concreto me enamoró.

Estoy aquí para ti.

Hace tiempo que no me paso por aquí, y siempre que subo alguna entrada nueva me digo que voy a escribir 20 más, que me gusta demasiado hablar de cosas concretas, poder explayarme gracias a este formato, pero luego nunca sucede. Y es que la gran parte del tiempo siento que no tengo nada que decir o que no es lo suficientemente importante como para escribir un post. Sin embargo, hoy quería abordar un tema en el que llevo pensando muchos meses y que, por fin, se ha materializado.

Ich bin da, I am here. Estoy aquí.

Siento que escribir es como una reafirmación. Tú, como escritor, te reafirmas en el mundo. Con tus ideas, con tus mensajes, con lo que quieres contar. Es como decir que estás aquí, que lo puedes demostrar con esta o esa otra historia. Vuelcas un sentimiento del momento en ella para luego quedarte mirándola y decir: «es mía, es un trozo de mí, existo». Y no es que antes no existieras, pero sí que con cada nueva novela apareces un poquito más. Sé que esto tiene mucho que ver con el síndrome del impostor, con no creernos las cosas buenas que nos pasan, con la inseguridad eterna del creador. Pero sí me he dado cuenta de que, conforme la pila de libros crece y yo voy aprendiendo más y más, los deseos y la meta a alcanzar se hace más grande también. Ya no es sólo reafirmación, el «puedo hacerlo», el «esto es un trozo de mí», ahora tiene un significado más enrevesado. Porque ese deseo ya no es algo que tiene que ver solo conmigo.

En la imagen aparecen mis cuatro novelas superpuestas: Euforia, La chica del corazón de agua, La posada Shima y Fugitivo adornadas con flores secas alrededor, haciendo un círculo.
Euforia (Editorial Munyx, 2021), La chica del corazón de agua (Editorial Munyx, 2019), La posada Shima (Editorial Munyx, 2018), Fugitivo (Editorial Círculo Rojo, 2015).

Desde que publiqué La chica del corazón de agua (Editorial Munyx, 2019), me di cuenta de que puedo ser útil. De que mi escritura puede ayudar, arrojar luz, y de que eso era lo que realmente quería conseguir. Por eso hablo sobre salud mental, por eso siempre hay representación LGBT+ e intento tocar temas de actualidad. No pretendo ser un manual de autoayuda, para nada. Creo que la mejor forma de darte cuenta de algo es verte reflejado, leer sobre un personaje y decir: «ufff, sí» (o «ufff, no»).

Creo firmemente que la literatura es una cura. Que se puede aprender con cada novela y sacar lecciones o argumentos para refutar tus convicciones (estés de acuerdo o no con lo que hayas leído. Porque no todo lo que está escrito es para que te lo creas o estés conforme). Sin embargo, en mi caso, me he dado cuenta de que quiero ser una mano extendida. Desde esa publicación en 2019, he recibido muchísimos privados con historias personales que me han tocado mucho la fibra. No me creía que algo que yo había escrito pudiera significar tanto para alguien, lo suficiente como para buscarme y hablarme, para contarme su historia. Y es que subestimamos muchísimo lo que ser simplemente un oído al otro lado puede suponer para la persona que habla.

Quizás con La chica del corazón de agua, tras un tiempo, entendí que era normal recibir ese tipo de reacciones. Hablar sobre una enfermedad mental tan estigmatizada como la depresión y explicada desde dentro podía alentar a otras personas a hablar de alguna experiencia parecida. Pero es que con Euforia está ocurriendo igual, y no sabes lo orgullosa que me hace sentir que alguien se abra de esa forma conmigo. Me da vértigo, porque me gustaría poder hacer más por cada uno… Pero aún soy una persona muy pequeña que está descubriéndose a sí misma.

Lo que quiero decir, resumiendo todos estos párrafos, es que me uses. Usa mi escritura para tocar temas de los que puede resultar más difícil hablar, busca confort y esperanza en mis letras, úsame. Porque no estás solo. Me tienes aquí. Para servir de ejemplo y de mal ejemplo, para escucharte, para empatizar, para aprender.

Estoy aquí.

PD: Feliz día del orgullo. Espero que todes encontréis vuestro lugar seguro. Mientras, sigamos peleando y haciendo ruido.

Euforia + aviso de contenido

¡Hola, hola! 

Hoy os vengo a hablar un poco de la novela, dado que la preventa ¡ya está activa! Podéis reservar Euforia a través de la web de la editorial, que, además, os vendrá con firma y regalitos.

Ya di unas pinceladas de Euforia cuando todavía era un proyecto, escribí precisamente sobre ella aquí.

Lo primero, ¿de qué va? De un grupo de amigos de la infancia que, tras un incidente, uno de ellos decide marcharse a Seúl, con lo que el grupo se disgrega. La historia empieza con nuestro protagonista, Jun, volviendo a su pueblo natal. Ha estado teniendo sueños con ellos y quiere comprobar si todo está bien, si aún no es tarde para recuperar lo que un día tuvieron. Sin embargo, nada será como imagina; los encuentros sorpresa solo le traerán más dolor y harán patente que todos han pasado página.

Como habéis podido intuir, ocurre en Corea del Sur. Y, aunque imagino que quizá pensabais que hablaría sobre k-pop, no es el caso. Es una historia de personajes, en la que vuelvo a tratar la salud mental por medio de varios de los protagonistas. Esto es algo en lo que quiero extenderme un poco porque en la novela he decidido no poner aviso de contenido. Como bien defendía Carolina Casado en este artículo, los trigger warning se han desvirtuado un poco y creo que la novela no es para nada escatológica o dañina. Puede incomodar, claro; como siempre que se trata de una enfermedad mental, para entenderla hay que ponerse en la piel de alguien enfermo. Así que sirva esta entrada y los tuits que pondré durante este tiempo como ese aviso.    

Si no quieres saber de qué enfermedades hablo en concreto, porque pienses que es un poco spoiler, no leas este párrafo: En Euforia se trata la anorexia nerviosa y la depresión, también se habla del suicidio, aunque no se muestra nada, solo se explora lo que sienten o sentían en algún momento los protagonistas. Y, si me habéis leído alguna vez, ya sabréis que siempre trato estos temas habiéndome informado mucho, acudido a fuentes de primera mano y con el máximo respeto posible, sin dejar de lado el mensaje esperanzador, porque se sale, se puede salir. Pero eso no quita que pueda ser incómodo leer a Luha o algunos pensamientos de Jun. Pongo más el foco en Luha porque es el que empieza la novela en un hospital. Aunque el hilo argumental de la historia es la separación de los chicos y lo que ocurre a partir de entonces.  

Ilustración de los cuatro protagonistas por Inma Moya.

Para presentaros un poco a los cuatro amigos os dejaré esta frase extraída de la sinopsis:     

El chico del anuncio, el chico del hospital, el chico que vive en la calle y el chico que se fue.

Esa es la situación de cada uno justo al comienzo. ¿Podrán cambiar su situación al final?  

Bienvenido, 2021.

¡Feliz año nuevo!

Este es el tercer año que voy a hacer esto, lo de escribirme una carta sobre lo conseguido y perdido en 2020 y qué espero del 2021. Sé que las dos cartas anteriores sirvieron a algunas personas para parar y hacer el mismo ejercicio de reflexión, algo que me parece muy importante. Siempre he hablado con honestidad, así que hoy no va a ser diferente.

Sonia con el pelo rizado y mascarilla de papá Noel mientras se señala uno de los dibujos de la mejilla.

Para mí 2020 iba a ser EL año, aunque suene a tópico. Me esperaban grandes planes en forma de viajes y experiencias nuevas. Empecé un proyecto a cuatro manos con Carolina Casado; íbamos a hacer un viaje a Valencia para ver a nuestra Rolly embarazada en verano; iba a ir a Barcelona a ver en concierto a mi grupo favorito en julio (BTS), que era la primera vez que venían a España; iba a viajar hasta Seúl y Jeju en abril (Corea del Sur), viaje que hacía por mi cumple y que llevo deseando desde ni se sabe… Y todo se torció. No lo pude hacer. Se canceló.

A todos la pandemia nos pilló desprevenidos, con demasiados sueños en la maleta. Sé que tampoco es algo dramático, que ya habrá ocasión, pero en su momento fueron cancelaciones dolorosas. Sueños que se rompían. Y si la cuarentena encerrada en casa ya fue dura, cada golpe nuevo era peor.

Sin embargo, creo que ya nos hemos quejado mucho de lo que no hemos podido hacer. Y he tenido la gran suerte de poder hacer otras cosas. Enero y febrero fueron meses de mucha socialización. Estaba feliz porque Carol y yo habíamos anunciado nuestro proyecto conjunto, había ido a varias presentaciones de libros, presentado también a mi querida Rolly aquí en Madrid y asistido a los Templis, evento que espero pueda repetirse este 2021.

Antes de la pandemia pude ver en concierto a una de mis artistas favoritas, Halsey. El concierto fue maravilloso y pude reencontrarme con unas amigas preciosas. Además, me quedé a dormir en casa de Lau y Shei.

En cuanto a escritura, este año no he acabado ningún manuscrito, pero sí que me he visto muy motivada a aportar, a escribir para poder entretener y ayudar. Podéis leer en lektu con pago social un par de relatos largos (Una flor de sangre y Esperanza en guerra dentro de la antología Relatos de diez autoras para pasar la cuarentena) de los que me siento muy orgullosa. He escrito más, pero que se pueda leer, esos dos. Además, en noviembre se anunció mi participación en la Antología Esperanza con el relato El lugar sin puertas, que recaudará dinero para una de las familias del #BlackLivesMatter.

Durante los meses de cuarentena conseguí más bien poco. Con tal de no perder el ánimo y la cordura me bastaba. En abril empecé a hacer yoga y seguí durante mayo todos los días. También aprendí a leer coreano️, aunque tardo mucho, pero eso que me llevo.

Volviendo al tema de la escritura, durante el mes de julio cumplí un reto autoimpuesto que consistía en escribir una poesía al día y subirla a mis redes (podéis encontrarlas en mi feed de Instagram o en Twitter con el hashtag #poetryinjuly). Salieron algunas muy buenas y otras que ni tan mal. Hacía mucho que no escribía poesía y, aunque fue muy difícil seguir el ritmo, lo conseguí y me siento muy orgullosa de haberlo hecho. Ahora me ha quedado un poso de añoranza que voy supliendo poco a poco, escribiendo poesía cuando me siento inspirada.

Y la gran noticia se desveló en agosto desde Onyx: el año que viene vuelvo a publicar. ¡Euforia encontró casa! En la primavera la tendréis en vuestras manos. Abril traerá los cerezos en flor y una novela muy especial bajo el brazo. El año pasado recuerdo terminar de escribirla y acabar con muy malos sentimientos. Me di este año para relajar mi ritmo de autoexigencia, para calmar a mi cabeza, y debo de reconocer que tomé la mejor decisión posible. He visto de cerca la amargura de publicar durante el confinamiento y no sé si yo habría podido soportar algo así. Mi mente estaba muy frágil a comienzos de 2020, pero ahora ha ganado resistencia y ánimo. Tengo muchísima ilusión por saber qué pensáis de mis niños y de esta preciosa historia cargada de añoranza, amistad y un poquito de dolor.

Aesthetic de la novela Euforia. Abril 2021.

En noviembre salí en televisión hablando sobre salud mental. A principios de año me contactaron para acudir de invitada a la grabación de Eso no se pregunta (Telemadrid). Querían hablar sobre depresión y yo acepté en cuanto vi que iban a tratar con la suficiente seriedad el tema. Además, el formato me daba cierta seguridad para hablar y, una vez allí, estuve comodísima. Si os interesa, se puede ver por la web de Telemadrid y a Youtube lo subirán en algún momento.

A pesar de que este año no pude cumplir muchos de los propósitos que me plantee al comienzo, se ha cumplido el propósito más improbable, el que llevaba años arrastrando y que ya pensaba que iba a ser imposible de conseguir: me he independizado. Llevo como un mes fuera de casa y, aunque al principio sentí mucho vértigo, ahora sé que hice bien porque tengo a mi lado a quien me cuida como lo más preciado. Quizás esta especie de luna de miel es porque estamos en esas primeras semanas de emoción, de probar a hacer platos por primera vez, invitar a padres (con todas las medidas de seguridad e higiene), y muchas cosas que parecen novedosas aunque se convertirán en rutina. Pero lo cierto es que esta etapa, justo ahora, estoy feliz. Y justo ahora me doy cuenta de lo que nos ha intentado enseñar 2020. A vivir el ahora, el presente. Disfrutar de lo mundano, de las personas cercanas, del contacto, aunque sea a distancia.

Como colofón, la guinda del pastel vino el 13 de diciembre: he vuelto a ser tía de una bebé preciosa y tranquila. Marina, aunque ha costado vernos, me vas a tener siempre ahí, al igual que tu hermana.

Y por eso, este, de todos, es el año más raro e imprevisible de mis 28 primaveras. Así que lo único que le pido al 2021 es salud y equilibrio. Que no haya socavones insalvables, desvíos imprevistos, sorpresas que nos quiten ilusión. Sigamos disfrutando del ahora, de las amistades que nos han mantenido a flote, del amor que ya teníamos y del que hemos encontrado en el camino, de las pequeñas victorias.

Bienvenido, 2021.

La sombra del vacío

Dado que es el mes de la salud mental, hoy quería escribir una carta a una antigua compañera de vida. Aquella que se hizo tan grande como para taparme el sol, como para absorber mi vitalidad, que fue un monstruo que nació de mí, pero que aprendí a entender, con el que aprendí a convivir:

Quería hablarte, escribirte una carta por el equilibrio que ahora siento.

Podría decirse que es un poco dañino echar la vista atrás y regodearme en lo que una vez sentí. Quedarme ahí en medio de un recuerdo para que me golpee. A veces, cuando acudo a él, es para que lo haga, que me dé bien fuerte. Y otras, como hoy, es solo por ver ese momento desde una perspectiva sin dolor. Porque he avanzado, he recorrido una larga distancia y lo bueno es que, cada vez, debo ir mucho más hacia atrás para llegar a él.

Aunque más que un recuerdo, es volver a ti, a la que desde entonces siempre está ahí. No sé si alguna vez he llegado a odiarte. Hacerlo sería como odiarme a mí misma, pero sí odio lo que sentía en aquellos momentos, lo que me hacías sentir, aunque a veces ponga mis pies en aquel foco de vacío de nuevo.

Imagino que no terminamos de pasar página del todo, que existe cierta añoranza a lo que más nos daña. Me impregno de una melancolía extraña que me arrastra a escuchar tu voz de nuevo, a verte y pensarte con cierta ternura. No quiero romantizar el concepto, pero sí que me sumerjo en esa piscina para ahogarme cuando menos lo espero. Ahora tengo a mano la escalerilla. Sé que puedo salir de ahí cuando quiera. Quizá esta actitud tóxica conmigo misma es una forma de decirme que nadie termina de curarse del todo, que siempre queda un pequeño residuo. La mente es un laberinto complicado de experiencias y emociones, y todo lo que nos ocurre nos influye, nos conforma, no podemos escapar de quienes somos porque somos el conjunto de todo ello, de lo bueno y de lo malo, de lo superado y de lo que atravesamos en el presente.

Y, sin embargo, en otras ocasiones me veo con un mechero en la mano, dispuesta a quemar esa parte de mi pasado. Crear una bola de fuego tan grande que ilumine la ciudad. Pero tengo miedo del resultado. Si solo quedaran cenizas, al soplar, ¿te irías con el viento y no volvería a verte? Pero ¿y si te convirtieras en un sol al que no puedo dejar de mirar? Una estrella ardiendo por siempre, a mi lado, quemando, hasta que no tuviera escapatoria.

No siempre es bueno volver a ti, lo sé, aun así ahora mismo puedo ver tu sombra tras mis pies y nos sentir nada al mirarte. Ni miedo, ni angustia. He conseguido hablar de ti en un medio de comunicación, en una novela, en mi blog y en mis redes sociales. Has tocado mi vida con tus manos llenas de tinta y aún me encuentro algunas de tus huellas sobre la piel. Pero yo dejé mis huellas también para recordarme que nunca serás tan importante como lo soy yo.

Hoy te recuerdo, sí, pero has perdido el control sobre mí.

Yo soy escritora

Imagen de una mujer de perfil escribiendo en una máquina de escribir antigua. En su base aparece "día de las escritoras".

Ayer fue el día de las escritoras y, aunque hace poco que lo llevo celebrando, me ha costado mucho reconocerme con ese concepto. Está muy extendido lo de que uno no es escritor hasta que publica. Y es una soberana tontería. Previo al 2015, yo llevaba escribiendo desde primaria: relatos, cuentos, poesías, historias más largas… Con 15 años acabé mi primera novela (que se quedó en un cajón, gracias), con 17 la segunda. Después hubo un parón por la universidad. Pero me costó hacerme al concepto. Denominarme como tal, Incluso después de autopublicar, me siguió costando.

Hoy quería reflexionar sobre lo que he ido aprendiendo en este tiempo, lo que supuso autopublicar en 2015 y poner por primera vez el pie en el terreno literario, hasta lo que ahora supone tener una editorial fuerte que apuesta por lo que escribo. Y es que ningún camino es fácil, nada te lleva a lo alto de forma inmediata. A las letras hay que darles tiempo.

Ilustración de la portada de Fugitivo.

Reconozco que he tenido suerte. He coleccionado unos cuantos fracasos, lo que me ha hecho aprender a ser paciente y a esforzarme más. No sé por qué nos empeñamos en ser perfectos a la primera, que nos salga bien todo de inmediato. Yo había intentado durante unos años publicar de forma tradicional, pero no tenía ni idea del mundo editorial y no sabía buscar en condiciones. Autopubliqué Fugitivo en 2015 y, con total sinceridad, fue una inversión que no recuperé. Pequé de primeriza. Aunque gané experiencia y los primeros amigos dentro de este mundillo. Tampoco había ido a presentaciones de libros ni tenido que hacer publicidad de mis cosas. Todo era nuevo y yo tendía a quedarme en una esquina observando. Mi obsesión por no sobresalir me hacía perder oportunidades.

ILUSTTSCION FUSIONADA

Entre 2015 y 2016 participé en varias antologías de microrrelato y poesía, quedando finalista en 3 (para mí fue todo un triunfo poder tener tres libritos más en casa donde hubiese algo que había escrito yo!). Eso me dio la motivación necesaria para acabar de escribir en 2016 La posada Shima. La mandé a todas las editoriales habidas y por haber, creyendo que cuanto más, mejor, y recibiendo un total de ¿una, dos respuestas negativas? Porque el silencio es la contestación que se suele estilar, así que asumí que ninguna más iba a responder. Ya había acumulado unos cuantos silencios con Fugitivo, así que imaginaba que iba a tener que pelear mucho más por esta nueva historia.

Entonces me enteré de que una editorial nueva estaba buscando manuscritos. Onyx publicaba fantasía, justo lo que yo había escrito, y encima me respaldaban un par de compis de letras que también habían presentado cosas suyas y estaban esperando una respuesta. Y aquí fue donde la suerte y el tesón se decidieron a dar sus frutos.

Así salió La posada Shima con Onyx en 2018. Mientras, yo había terminado de escribir La chica del corazón de agua y estaba mandándola también a diferentes editoriales y premios (ya sí sabiendo géneros que publicaba cada editorial y acotando la búsqueda). Y entonces Marta, la editora de Onyx, me preguntó por este último. Le hablé de lo que iba y entonces las dos abrimos nuestros corazones en varias charlas profundas y sinceras. La salud mental es una de las asignaturas pendientes de esta sociedad. Pero, aún con esas, yo tardé mucho en pasarle el manuscrito y, más aún, cuando ella dijo que lo quería publicar, me demoré bastante más hasta dar el sí. Ya lo he dicho en más ocasiones, que me daba un vértigo terrible. Sin embargo, hoy sé que fue la mejor decisión que pude tomar por todo lo que vino después. La chica del corazón de agua salió en 2019. También en este año publicaron mi relato Un ser de luz dentro de la antología Contramarea de manos de la editorial Dorna (Antología Contramarea, 2019).

Pero, como todo, el mundo no giraba a mi alrededor de color de rosa. Arrastraba ya una carga importante y autoimpuesta a mi productividad. Debía sacar más historias, debía publicar más, debía destacar. Y a finales del 2019 me rompí. Euforia (Editorial Onyx, 2021) la acabé con dolor. Con una presión tan fuerte e innecesaria que hizo que entrara en un bloqueo que me duró meses. ¿Por qué esa necesidad? ¿Por qué debía publicar una vez por año, producir una historia por año…? ¿ Por qué me marqué ese estúpido objetivo? Así que tomé la decisión de darme tiempo. Me di un año (este fantástico año, nótese la ironía) donde no publicaría nada, solo escribiría. Me tenía que reconciliar conmigo misma y poner en orden todo ese cacao mental de autoexigencia enfermiza. ¿Lo he conseguido? No. Este 2020 ha sido raro a más no poder y muy malo para la creatividad, pero nadie me quitará que no lo haya intentado.

Siendo honesta, hay días malos, muy malos. Esta es una carrera de fondo. Una larguísima. Es normal que nos cansemos, que nos caigamos, que desistamos. Pero hay días muy buenos también, donde la emoción recorre tu estómago y no puedes dejar de escribir, de crear y amar lo que haces. Tus personajes cobran vida, la estructura te parece genial, los temas que tocas ideales, las frases que te salen espectaculares, dignas de cualquier escritor al que admiras. Y es que escribir es ilusión y pasión. Es un algo más que te da, de forma literal, ganas de vivir y compartir.

Llevo ya 5 años publicando, pero muchos más escribiendo. No sé en qué momento uno mismo se puede denominar escritor sin sonar pedante. Quizá ahí es donde residía mi temor, en la idea de creerme alguien. Ser una impostora porque no escribía lo suficiente, lo suficientemente bien, con calidad, por no producir, por ser lenta… pero todo eso se incluye dentro del término. Así que, si escribes, ERES escritor. Me rompe el corazón ver a un montón de personitas a las que sigo y que les cuesta llegar también a creérselo, incluso habiendo acabado manuscritos enteros y teniendo una carrera larga en el mundo de las letras. No sé en qué momento nos dijeron que no podíamos aspirar a ello ni por qué. Pero yo voy con la cabeza bien alta desde hace un tiempo y sé que nadie me va a quitar ese título porque nadie me lo tiene que dar. Yo sé lo que soy, sé a lo que aspiro.

Yo soy escritora.

Stuck

¡Hola, hola!
Hoy vengo con contenido algo diferente. Ayer tuve uno de esos días de reflexión, y quería compartir con vosotros un pequeño poema que me salió mientras le daba vueltas a algunas cuestiones. Es una de las primeras veces que escribo en inglés, pero era lo que me pedía el cuerpo. (Al final he puesto la traducción, no preocuparse).
La situación que estamos viviendo es excepcional. Estos meses han sido muy letárgicos y ha nacido una voz que hablaba tan bajito que no le había prestado atención. Ayer me paré a escuchar qué decía:

Stuck

Maybe it is the feeling of belonging and not to at the same time what is making me sadder when I think about
What I have
What I have lost
If I ever won.
Sand crawling,
like getting old without growing, without learning, without living.

Cause life is stuck on this moment, on these past months, on these lethargic times.
As walking and going nowhere
As swimming and drowning yourself.

Lazy hands on the wheel
under the effect of this morphine.
Did I have a dream? Did I have a goal?
Was the target too high? Perhaps too big?

The long shadow I didn’t realize I could see is now scarier than I once thought.
I let it eat alone while I was focusing on the light,
when, in fact, the brighter the fire, the darkest the night.

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Estancada

Tal vez es el sentimiento de pertenencia y no al mismo tiempo lo que me pone más triste cuando pienso en
Lo que tengo
Lo que he perdido
Si alguna vez gané.
Arena arrastrándose,
como envejecer sin crecer, sin aprender, sin vivir.

Porque la vida está estancada en este momento, en estos últimos meses, en estos tiempos letárgicos.

Como caminar y no ir a ninguna parte
Como nadar y ahogarte.

Manos perezosas en el volante
bajo el efecto de esta morfina.
¿Tenía un sueño? ¿Tenía una meta?
¿El objetivo era demasiado alto? ¿Quizás demasiado grande?

La larga sombra que no me di cuenta que podía ver ahora es más aterradora de lo que alguna vez pensé.
La dejé comer sola mientras yo me centraba en la luz,
cuando, de hecho, cuanto más brillante es el fuego, más oscura es la noche.

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Un agradecimiento especial a Lidia (@lidiafdez__), que me ayudó a darme cuenta de que no puedo hablar inglés como a mí me da la gana, que tiene unas reglas como todos los idiomas. ¡También me ayudó con la traducción al español! (Para cualquier cosa de corrección o traducción, ¡acudid a ella!) ❤

Proyectos actuales

¡Hola, hola!

Esta entrada va a versar sobre los dos proyectos en los que ahora estoy volcada: el #ProyectoAdriana y el #ProyectoDestrucción.

Como sabéis, en este pasado diciembre acabé el #ProyectoEuphoria, que durante estos meses ha estado en manos de los betas. Lo último que hice fue cambiarle el nombre a uno de los protas y aún ando con algunas correcciones, pero estoy quedando muy satisfecha con el resultado final. Por si no sabéis de qué hablo, es la historia de los cuatro amigos que ocurre en Corea del Sur.

Ya os hablé del #ProyectoAdriana hace más de un año, y es que justo paré de escribir esta novela porque el #ProyectoEuphoria surgió de pronto y necesitaba darle prioridad. A veces ocurren estas cosas, que algo se interpone, que brilla un poco más, que es nuevo… y lo dejé todo por él. He retomado la escritura de Adriana con mucha ilusión porque es más tierna, va sobre escritura y fantasmas, sobre hermanas y chicas que se quieren mucho. Su banda sonora son canciones de Elvis Presley y tiene un aura como anaranjada. Ocurre en Edimburgo, con sus cuervos y edificios de piedra antigua.

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Además, también estoy con el #ProyectoDestrucción. En enero Carolina Casado y yo os dimos la noticia de que habíamos empezado a escribir juntas esta novela a cuatro manos y que nos habíamos abierto un perfil en Twitter para poder interactuar e ir actualizando cosillas. Ahí somos SOLINA. No va a ser nuestro pseudónimo, porque si algún día publicamos, seguirá siendo con nuestros nombres reales, pero nos hacía ilusión tener un nombre conjunto, como ship.

Debo reconocer que hemos desvelado muy poco todavía y es que, incluso con el género estamos dudosas. Escribir a cuatro manos está siendo toda una experiencia. Tiene su parte de mucha diversión y emoción al hablar entre nosotras de la historia, sus personajes, pensar en las tramas… Pero también sus cosas menos buenas, como a la hora de tomar decisiones y cada una tener una visión diferente de algo. Aunque, por ahora, hemos encontrado un punto de equilibrio y a todo le hemos dado solución. Aquí, imagino que lo que cuenta es la compatibilidad que tengas con quien escribas y que sus historias tiendan un poco a lo que te llevan las tuyas. El único problema está quizá en que ella es mapa y yo brújula, y mientras ella hace esquemas y tablas y disfruta en su mundo de orden, yo me quedo escuchando sus audios de cinco minutos explicándomelo todo y preguntándome por qué la elegí a ella.

Pero más allá de ese último lamento, es genial escribir con alguien con quien estás tan en sintonía. No es solo la cercanía entre ambas, sino los mensajes que, como autoras, queremos transmitir en nuestras novelas, los elementos comunes, las metas, el querer salir de la zona de confort y escribir algo diferente pero con nuestra esencia.

¿De qué va el #ProyectoDestrucción entonces? Estos días estamos definiendo el género, y lo que más se acerca de forma muy general sería el de ciencia ficción/terror. Habla de desastres naturales, tiene algo de fantasía y toda la ambientación es apocalíptica. Es una novela coral, con muchos personajes y puntos de vista. Todo comienza en Aumond, un pueblo bastante grande donde ha caído un meteorito y ha desencadenado diferentes fenómenos en sus habitantes. El nombre del proyecto creemos que es bastante revelador y desde el comienzo lo tuvimos clarísimo.

Tenemos pendiente hacer un directo las dos juntas para contestar preguntas y hablar sobre escritura, así que ¡estad atentos a nuestras redes!

Relato gratuito: Una flor de sangre

¡Hola, hola!

La idea principal de esta entrada es haceros más amena la cuarentena. Sé que estamos aún en el comienzo, pero muchísima gente se está volcando con contenido gratuito de sus diferentes especialidades: idiomas, vídeos haciendo ejercicio, sobre lo que han estudiado… Y muchos escritores estamos intentando aportar nuestro granito de arena en estos días difíciles, porque la cultura y el entretenimiento ahora son básicos para distraernos de tantas horas con nosotros mismos.

Por mi parte, estoy intentando hablar con positivismo y mantenerme activa en casa. Yo no puedo teletrabajar y todavía no sé nada sobre mi presente ni futuro laboral, por lo que tengo que mantenerme ocupada por mi propia salud mental. Estoy haciendo mucho por mí, pero también quería hacer algo por vosotros.

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Me encantaría crear contenido divertido y que aportara, pero no se me ocurren cosas interesantes que os pudieran llamar la atención (si tenéis alguna propuesta, sed libres de ponerme un comentario, un tuit o hablarme por privado).

De todas formas, ayer se me ocurrió subir un relato a lektu que no quedó ganador de una antología (con temática samurái) para que podáis leer algo diferente y cortito. Recibió una mención de honor, eso sí, así que os recomiendo que le echéis un ojillo al menos. Podéis acceder a la página haciendo clic AQUI. Se descarga con pago social, es decir, lo único que se pide es poner un tuit para que llegue a más gente.

También decir que fue posible que lo pudiera subir gracias a muchas personitas que me ayudaron a crearme mi cuenta de lektu y a Anna Roldós, que me maquetó el relato e hizo diferentes formatos para que cualquiera pudiera leerlo utilizara el dispositivo que utilizara.

¡Nos leemos pronto!

Os mando un abrazo virtual enorme. Entre todos saldremos de esta. Cuidaos ❤

 

Propósitos y balance de año

El año pasado me escribí una entrada larga siendo muy honesta conmigo misma. La publiqué un 30 de diciembre. Esta se ha retrasado por falta tiempo, pero aquí va: Sé que algunas personas se vieron reflejadas y que se plantearon también hacer un ejercicio de reflexión sobre el año que habían tenido y cómo les había afectado. Me parece una manera de poder ver lo bueno y lo malo y poder aprender, intentar mejorar en crear unos propósitos más reales.

Por mi parte, he cumplido muchos de mis propósitos (hice una lista larga de deseos y cosas por cumplir, aunque la de este año es algo más pequeña, pero no menos interesante). Por eso estoy repitiendo experiencia escribiendo esta especie de carta.

Como sabéis, para mí el año acabó con una decisión importante que afecta a mi carrera literaria, y es que he atrasado publicar novela hasta 2021. No es un drama, lo sé, pero fue muy difícil aceptar esto y ponerme primero a mí. Podéis leer el anuncio de Twitter aquí, pero básicamente no he pasado unas buenas semanas con mi cabecita, y este “descanso” espero que sirva para calmar este apetito de crecer y querer ser alguien más, cuando en realidad ser “yo” debería ser suficiente.

Siento sincera, de los doce meses del año, dos fueron muy estresantes y me tuvieron en un estado muy lamentable. Uno fue este noviembre y otro fue abril (sí, el mes en el que publiqué La chica del corazón de agua). Fueron muy malos en cuanto a carga de trabajo y mentalmente me dejaron fatal. Pero más allá de lo que pudiera afectarme de fuera, la mayoría de carga que acabó conmigo vino de dentro, de mí. De mis expectativas, de forzarme, de marcarme plazos irreales, de lo mucho que me exigía producir, mostrarme al mundo… Y este diciembre ha ocurrido que no he conseguido volver a coger ninguno de mis proyectos. He escrito menos de 1000 palabras en todo el mes. Pero no pasa nada. Estoy cuidándome. Tomándome un descanso largo para poder sobreponerme y volver con todas mis ganas, porque 2020 pinta bien. El proyecto Euphoria está acabado (ahora falta corrección y pasar por los betas), tengo otro precioso a medio escribir (el proyecto Adriana) y otro proyecto del que ya hablaré cuando avance enero. Este último me tiene muy feliz y espero que os sorprenda.

Echando la vista atrás, tampoco puedo decir que haya sido un mal año. Al contrario. Me han pasado muchísimas cosas buenas y he logrado cumplir la mayoría de mis metas: como haber publicado una novela muy importante para mí, haber estado firmando en la Feria del Libro de Madrid y haber asistido como autora también a Sant Jordi, haber terminado un manuscrito con una historia que me encanta (aunque a veces surja esa voz que eche por tierra todo mi trabajo), haberme hecho un tatu por primera vez, haber estado apuntada a yoga, haber viajado fuera de España bastante (Alemania, Ámsterdam y Londres), empezar a estudiar un nuevo idioma (bueno, algunas palabras sueltas y el alfabeto coreano), haber ido a más eventos literarios y conocer a gente maravillosa, haber hecho más presentaciones que nunca (no solo mías, para mí es todo un honor presentar a compañeras y poder hablar de sus novelas). Sobre todo me siento afortunada de las personas que me rodean y cuidan. Gracias por un año así de bonito.

Aunque más allá de la escritura, tengo muchos más propósitos. Algunos son repetidos de este mismo año, como hacerme otro tatuaje o seguir aprendiendo algún idioma. También quiero ir al menos a un concierto (voy en febrero a ver a Halsey, así que esto está casi cumplido), viajar fuera de España al menos una vez en el año y dejar de machacarme tanto a mí misma. Acudir a más eventos literarios, seguir aprendiendo de hablar en público, que no pasa nada, que no voy a hacer el ridículo y que sí tengo cosas importantes que decir. Intentar dejar de sabotearme tanto y disfrutar más del camino y de sus vistas.

¿Cuáles son vuestros propósitos de año nuevo? ¿Coincidimos en alguno?

Espero que 2020 cumpla muchos de vuestros objetivos. Por mi parte, os deseo estabilidad y alegrías. Que, pese a la situación que viváis, podáis encontrar un trocito de luz siempre.

¡Feliz año nuevo!