Balance literario 2017

En twitter hice un balance algo diferente al que pretendo hacer aquí. Allí hice un hilo agradeciendo las cosas buenas que me pasaron en el 2017 en cuanto a mi vida personal. Hoy quería echar la vista atrás a mi año literario; de libros leídos y de logros escritoriles. Cuando he empezado a esquematizar esta entrada, me he dado cuenta de que si me ponía a hablar también de los personales se quedaría muy extensa, por eso me remito al hilo que hice en mi cuenta de twitter por si os interesa también saber esos.

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El primer y gran logro al que quiero remitirme es al de haber acabado de escribir otra novela: La chica del corazón de agua. Creo que he hablado hasta la saciedad de este proyecto en el que trato el tema de la depresión a través de una historia ficcionada. Fue una experiencia tan difícil de plasmar, de escribir y de superar; pero tan satisfactoria y catártica. Lo mejor que me ha pasado a posteriori fue el feedback tan increíble que recibí de mis lectores 0: las palabras de agradecimiento, lo que me contaron, las lágrimas, la alegría, el haber entendido mejor esta enfermedad. Me cuesta expresar todo lo que ha significado esta historia para mí. Ojalá podáis leerla algún día. Tras todo lo que me han dicho, creo que hoy en día es muy necesaria.

En cuanto a mis blogs, el relato que más visitas recibió fue No te acabes nunca. Un texto que le escribí en enero del año pasado a mi chico, al que le debo tanto. Por lo general no suelo hablar de lo que me inspira cuando escribo en el blog de leyends of puppets porque hay muchas cosas que duelen y no encuentro otra forma de deshacerme de ese malestar que escribiendo. Por eso cuando publico algo ahí, es más un desahogo que por inspiración. Tanto para lo bueno, como es en este caso, como para lo malo. Sin embargo, es genial que el que más se ha leído sea uno de los relatos positivos y que vaya sobre el amor.

El más votado, por contra, es El niño pájaro, con la mejor calificación del año. Habla sobre la guerra, sobre el abandono de los más pequeños y de las fantasías y leyendas que se crean. No es tampoco el relato más triste, ya que me parece que tiene un hilo de esperanza que se sucede con cada nueva palabra. Pero tampoco es el más alegre.

En el blog de La eminente Thropp, lo más leído ha sido lo más controvertido. En este caso, fue la entrada titulada ¿Me ha gustado “13 reasons why”? Aquí hablaba sobre la serie de “Por trece razones” y sobre el MAL tratamiento que se le daba a las enfermedades mentales, entre otras cosas. Fue una de las entradas con las que me quedé más satisfecha. Además de una de las primeras veces que hablaba sobre la depresión con sentimiento de causa.

Resultado de imagen de sere fragilLa reseña más vista fue la de Seré Frágil, de Beatriz Esteban. Fue una escritura con la que me quedé muy satisfecha también una vez la acabé. Tenía mucho que decir. Además, Beatriz me escribió cosas muy bonitas tras leerla y eso solo me hizo afianzar el amor y la admiración que siento por ella. Fue de esas lecturas que marcaron mi año. Pero si he de destacar las mejores, definitivamente serían: Rojo y Oro de Iria y Selene, Desayuno en Júpiter de Andrea Tomé, La flor de fuego de Alba Quintas, Virtud y Verdad de Rolly Haacht, Love letters to the death de Ava Dellaira, Bajo la misma estrella de John Green, La ciudad de las sombras de Victoria Álvarez, El cuento de la criada de Margaret Atwood y Tres enanos y pico de Ángel Sanchidrián.

Otra de las mejores cosas que pude hacer fue comprar el dominio de esta web. Ha sido la que ha recibido más visitas durante 2017. Me llena de orgullo que la entrada que más se viese y compartiera fuese el primer concurso de relato que hice por haber conseguido 1000 seguidores en twitter: Concurso + sorteo 1000 seguidores. Participó mucha gente y conocí a escritoras maravillosas. Hubo una calidad increíble.

Tuvo mucha repercusión también la entrada-reflexión El silencio del <<no>>. Tanto en redes como en el propio blog. Hubo mucha empatía y recibí muchas muestras de cariño y de identificación. Fue abrumador y demasiado guay que tantas personas bonitas se hicieran eco de ella.

Quiero destacar entre mis logros de este año el haber podido colaborar con dos de mis escritos en la antología de De-Tinta, que hizo un proyecto TAN mágico y me sentí tan realizada con él, que aún no tengo palabras para agradecer todo esto. Esta iniciativa quería unir a escritores e ilustradores para crear una preciosa obra llena de talento. En serio, yo he conocido a grandes artistas a raíz de esta oportunidad.
Participé con dos relatos: Uno lo amplié, ya que era un microrrelato que hice para un pequeño concurso que no gané. Ese es “monstruos en torres invisibles”. Un relato fantástico sobre una chica que hace tiempo que puede ver una torre en medio de la ciudad donde vive en la cual habita un monstruo. Phrenan hizo con él un cómic muy del estilo lovecraniano en sepia. Supo captar la esencia de lo que contaba con una claridad pasmosa. Jamás habíamos hablado antes y fue como ver lo que había en mi mente ahí plasmado.

El segundo (y el más largo) se llama “La muerte del amor” y es uno de esos relatos de los que más orgullosa me siento de haber escrito. En realidad, creo que es de lo mejor que he escrito nunca. Y dada su extensión, la ilustradora decidió muy acertadamente hacer una única ilustración en la que confluyera el sentimiento principal de todo el relato. La talentosa Mymi González dotó de magia mis palabras con su preciosa ilustración (que tuvo el detallazo de mandármela impresa y que tengo colgada en mi cuarto porque es genial). ¡Seguidla en instagram!

Mymy González sujetando la ilustración “la muerte del amor”. Créditos a ella. Seguidla y amadla.

Podéis leer la antología en LEKTU, donde puedes hacer un donativo o descargarte el PDF pagando con un tuit. ¡Muy fácil! Se espera que en febrero salga en papel. ¡Yo no aguanto más! Además, hay ahora otra convocatoria abierta que va sobre la visibilizacion de las enfermedades mentales. Creo que es una labor en la que todos deberíamos aportar nuestro granito. Nos afecte directamente o no. Por mi parte intentaré participar en esta nueva también.

Al final he acabado con una entrada demasiado extensa. Ya no voy a alargar esto más. Muchísimas gracias por darme un año tan maravilloso literariamente hablando. ¡Nos vemos en este 2018 con mucho más! Seguro que nos depara muchas sorpresas.

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El silencio del «no».

Una de las cosas más frustrantes que ofrece la escritura (si se quiere publicar), es la espera de respuesta por parte de las editoriales a las que has enviado tu manuscrito. Da igual cómo redactes tu carta de presentación o lo que pongas en el cuerpo del mensaje. Si no te pones en contacto con ellas tras unos meses, no obtendrás respuesta. Y, aún así, la mayoría no contestará. Tendrás suerte si, al enviar tu obra, recibes un mail programado indicando que les ha llegado.giphy (1)Hace ya 4 meses de la última vez que una editorial me dijo que necesitaba más tiempo para analizar mi manuscrito. Que comprendo que cada una tiene sus ritmos. No debe ser nada fácil decidir qué publicar, por qué obra apostar, qué portada, presentaciones, merchandising hacer, estimar cuánto puede vender ese autor nuevo, qué tirada imprimir…

Pero hace 4 meses de la última información, más otros cuantos meses previos antes de preguntar por primera vez cómo iba la cosa. Por eso escribo esta entrada hoy; porque hace un rato que he vuelto a enviar varios correos por si alguien me puede decir algo. Que pensarán que soy una pesada, pero no soy nada invasiva. Creo que los tiempos de espera han sido suficientes. He respetado los periodos que indican en sus webs o correos programados.

giphy (4).gifA lo que quiero llegar es que no es tan complicado decir «no». No es tan difícil tener un mail ya preparado que copiar y pegar para desestimar una proposición. A los escritores nos aliviaría tener alguna forma de saber que no se nos ha olvidado en la bandeja de entrada como no leído. No es un drama obtener una negativa. Aunque reconozco que siempre te quedas un poco decepcionado. Pero al enviar tu obra sabes a lo que te enfrentas. Para bien o para mal.

Pero más que un «no», sienta peor el silencio. Quizá no a todos les pase, pero por ese mutismo yo sí sufro ansiedad y una frustración cada vez mayor. Sin nombrar la inseguridad que uno ya tiene de por sí y que se acrecienta. ¿Valgo para esto? ¿Soy tan pésima? ¿Pero me leen? ¿Será que tengo que abandonar este sueño? ¿Para qué me esfuerzo tanto?

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Sí, a veces me apetece gritar. Enviar una cantidad tan grande de correos para que mi nombre sature su bandeja de recibidos hasta que alguien me escriba: «Oye, que sí que te hemos leído. Para».

Pero entonces, ¿por qué lo hacen? ¿Por qué no contestan? ¿Es falta de organización? ¿Es falta de interés? ¿Es miedo  o lástima porque no quieren romper nuestros corazones?

Obtener un «no», no es desanimarnos. Y para nada es un fracaso. Es tachar de la lista únicamente un nombre para poder seguir en busca de otras oportunidades. Es dar la vuelta a tu discurso para ver si otro funcionaría mejor. Es reinventarse.

Siento toda esta parrafada. Hay cosas que no comprendo y que creo que jamás comprenderé. Pero pienso que hace falta un pelín más de empatía en esta clase de sectores. Cuando envío un mail no mando unas cuantas hojas llenas de letras. Es un compendio de esperanza, sueños, dedicación, sufrimiento, orgullo, experiencia, anhelos y tiempo. Es un trabajo solitario que requiere mucho esfuerzo y constancia. Es una parte de mí.

Pero bueno, todo esto es solo un pensamiento. No me voy a retirar de esta carrera tan apasionante ni a dejar de escribir. Seré mejor o peor. Gustará más o menos lo que tenga que decir o lo que tenga que contar, pero si me detengo, no podré llegar a mejorar. Solo toca armarse de paciencia y seguir.

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Jareth también sabe de esperar.

Escucharse a uno mismo

Hoy quería ocupar el espacio que me deja este blog (casi abandonado) con una reflexión personal.

Me he dado cuenta de lo poco que apreciamos los momentos con otras personas. No con cualquier persona, si no con las que nos hacen sentir bien. Son ratos que pasan veloces, y tal como llegan, parecen marcharse. Al menos esa es la sensación que hoy me ha asaltado. Pasé dos días buenísimos en los que me reí muchísimo con una gran amiga que vino a Madrid (de verdad que esas horas me llenaron tantísimo), pero justo el sábado a la tarde se torció por una mala noticia. La burbuja de felicidad explotó y, al día siguiente, no quedó nada de aquello.

Tuve que asistir a un evento al que a nadie le gusta hacer acto de presencia porque, precisamente, se reúne la gente para reparar en esa persona que ya no está.

A lo que voy es que, hoy, varios días después, escuchándome más de cerca, he comprendido de pronto que me sentía algo melancólica. No lo había notado, pero una carga se había agazapado en mi espalda y había clavado sus uñas invisibles. Porque lo que impacta en tu vida, provoca un seísmo en el resto de días de tu existencia. Tanto lo bueno como lo malo, aunque esto último resuena con un eco más potente.

Y me he sentido vulnerable, falta de esos recuerdos tan divertidos que había vivido la semana anterior. Sentí que no los había guardado con el cuidado que se merecen, con el detallismo necesario. Pero es que pensamos que los buenos momentos serán eternos, al igual que el equilibrio emocional. Al igual que la salud.

El mensaje que quiero trasmitir es que abracéis, que disfrutéis de la buena gente, de los que os quieren y de a los que queréis. Que digáis te quiero. Porque es un mal hábito el sobreentenderlo. El pensar que el otro ya lo sabe. Pero yo hoy necesitaba un abrazo, un te quiero y no lo sabía. Puede parecer algo tonto, pero nunca está de más pisotear el orgullo y abrirse un poquito a los demás.

Mi mal hábito es nunca decir estas cosas. Que en ocasiones muy puntuales como hoy me siento mal, que quiero llorar. Me las trago como un mal veneno. Pero estoy en el dificultoso trabajo auto impuesto de empezar a cuidar de mi mente también, así que escribo esto para creérmelo más. Ha sido uno de los beneficios de escribir La chica del corazón de agua.

Así que…

Escuchaos. Cuidaos. Quered y quereos.