#ProyectoAgua y búsqueda de lectores

¡Hola, hola!

Hoy quería hablaros de cómo llevo el #proyectoagua, que en realidad tiene un título muy bonito y que, si me seguís en Twitter, ya sabréis. Como llevo más de 230 páginas y me falta como un 18% para terminar, supongo que puedo desvelarlo. Se llama La chica del corazón de agua.

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Portada que hice para el #NaNoWriMo 2016 y que no es oficial

Reitero que aún no lo he acabado, y es debido a que me encuentro en una situación personal que no me lo permite. Pero espero que, con esfuerzo, pueda ponerle punto y final relativamente pronto. Digo relativamente porque mi mente es un mundo aparte y gobierna mi motivación a voluntad. Es decir, que me la quita.

Pero no quiero ponerme pesimista. He venido a hablar de este proyecto de novela porque es importante para mí. Porque me está (o al menos me estaba) curando, y creo que es necesaria.

El título se debe a lo que representa la depresión. Es una historia que intenta romper con el tabú y con la representación que se tiene de esta enfermedad. No es un relato triste, si no que la introduzco como una metáfora, siempre intentando que se entienda cómo se siente la protagonista y por qué. Es más una historia de amistad, de personajes y de superación.

La chica del corazón de agua es Petra, que ha decidido trasladarse para estudiar en una universidad privada e independizarse. Está luchando contra esta enfermedad y el cambio, cree, que será bueno.

¿Por qué lo del corazón de agua? Porque al contrario de lo que se piensa, la depresión no es falta de felicidad, sino de vitalidad. Es cansancio, frustración, es pérdida de emociones e interés, de satisfacción. Y precisamente en esta pérdida es en lo que más me centro. De ahí el símil del agua. Porque no es que se deje de sentir. Porque se ríe, se disfruta, se ama… pero nada de eso se retiene. No dura mucho ahí dentro. Al final es como una piscina por la que se avanza lentamente, y aunque haya resistencia, se acaba atravesando. Así es con las emociones, es como si te atravesaran el corazón y acabaran por marcharse. Es sentir un vacío angustioso que no crees ser capaz de llenar jamás.

Obviamente, como podréis haber intuido, es ficción.  Una historia totalmente inventada, cuya protagonista poco tiene de mí y de mis circunstancias personales. Aunque sí tiene  mucha verdad. Aquí he plasmado mi experiencia personal con ello, lo que yo sentía. Por eso no quiero que se interprete como la verdad universal, porque es únicamente lo que yo experimenté en primera persona. Hay muchas variantes, como personas hay en el mundo. Cada una es diferente y puede sentir otras cosas porque precisamente entran en juego tantas variables: físicas, psíquicas y químicas.

No sé qué haré cuando la acabe. Me gustaría tener en este caso lectores beta sensibles, otros que hayan estudiado psicología y otros que no sepan mucho del tema y solo me quieran leer.

Así que esta entrada también es un anuncio: si entras dentro del perfil que indico, y te interesaría ser lector 0, deja un comentario o escríbeme a sonialerones@gmail.com hablándome un poco de ti y de por qué crees que te puede interesar o qué me puedes aportar para que mi historia quede redonda (experiencia personal, académica, entusiasmo, galletas, consejos…). Y, por favor, no te comprometas con este proyecto si piensas que no vas a poder sacar tiempo para leerlo o que va a quedar abandonado en tu escritorio o kindle. Necesito compromiso real.

¡Gracias!

#NaNoWriMo2016

¡Hola, hola! Hace bastante que no actualizo el blog y es que por motivo de la celebración del #NaNoWriMo2016 y por un viaje y por otras cuestiones, no he leído apenas y abandoné un poco las redes sociales. Pero aquí estoy de vuelta para contaros cómo me ha ido el #NaNoWriMo (National Novel Writing Month).

Para quien no lo sepa, es una iniciativa que se lleva haciendo desde hace unos años y que consiste en escribir 50.000 palabras en un mes. Tiene su página web propia y puedes ir actualizando tu perfil con las palabras que vas escribiendo cada día. La verdad que es algo que motiva pues vas viendo tu gráfica y puedes ir comparando tus resultados con los de tus conocidos o amigos.

Es la primera vez que me apuntaba oficialmente, subiendo fotito de perfil, poniendo el título de la novela… y aunque me he quedado a mitad de las 50.000, para mí no ha sido un fracaso. ¿Por qué? Pues muy simple. La razón por la que me había unido era para darle un empujón a la novela que estaba desarrollando durante septiembre y octubre y la cosa ha avanzado mucho. Solo que, como veréis en la foto, a mitad de mes, el contador se paró.

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Si analizamos el gráfico se ve que del 12 al 15 estuve de viaje, por lo que no escribí. A partir de ahí, como perdí rutina, lo abandoné un poco y escribía esporádicamente. En estos últimos días sí he vuelto a coger el ritmo y espero que me aguante un tiempo. No suelo ser constante, y como me apunto a muchas cosas pues al final me falta tiempo. Así que cada novela que escribo tardo muchos meses.

Otra cosa que he descubierto en este mes es que no puedo escribir sin más. Tengo que releer lo de antes, reescribir partes… Y es que si no está bien para mí, no puedo avanzar. En el #NaNoWriMo la idea es escribir. Escribir sin más. Cuanto más mejor. Y luego utilizar los meses siguientes para ordenarla, pulirla… Pero yo no puedo. Y sinceramente, eso no me parece algo malo. Solo tardo más. Posiblemente en la relectura global, tenga menos cosas que reescribir o cambiar que si lo hiciera todo de seguido.

En definitiva, a pesar de que no haya conseguido escribir las 50.000 palabras, para mí ha supuesto un gran avance. ¿Lo haré el año que viene? Casi seguro que sí.

Proyecto “agua”

¡Hola a todos!

Hace bastante que no actualizo el blog, y es debido a que sigo escribiendo y escribiendo sin descanso. ¿El qué? Os preguntaréis, si ya terminé el protecto “A” (que en realidad debería haberse llamado proyecto “Shima”). Pues hace unas semanas que empecé otra novela.

A diferencia de la anterior, no trata sobre tierras exóticas o magia. Es una novela juvenil un tanto especial. Si todo sale bien, debería acabarla este año, pero me cuesta mucho ponerme con ella. Esto es debido a que he de introducirme en un estado emocional diferente al que tengo y me deja un poco chof. Además de que he variado la manera de abordar esta historia. Nunca había planificado tanto ni estructurado cada capítulo como con esta. Sé qué he de desarrollar y tengo el final ya escrito. Así que supongo que esas ganas disminuyen porque ya tengo estipulado qué ocurre y me da poco juego para irme por las ramas o explorar otras posibilidades.

Sin embargo, aunque me cueste, he de acabarla. Es una historia que tiene mucho de mí, aunque sea completamente irreal. Así que, casi como una terapia, debo seguir escribiéndola. ¿Nunca habéis sentido la necesidad de contar algo que os ha ocurrido, de lo que os habéis recompuesto, para intentar ayudar a otros que estén pasando por lo mismo? Pues eso me ocurre a mí.

Así que nada, estoy desaparecida de aquí porque le estoy dando a la tecla.

(Por cierto, el proyecto “A” o “Shima” está en busca de editorial. ¡A ver si hay suerte!)