Cuando se hace viral un tuit sobre salud mental

Primero pongo en contexto:
Ayer, 08/01/2022, vi una noticia en mi cuenta de Twitter que llamó poderosamente mi atención. Entré e hice pantallazo (no compartí la noticia en sí porque considero que darle clics a una web que monetiza a sus lectores y que usa algo tan grave -y morboso- para tener visitas pues está mal). Lo dicho, subí un tuit manifestando el horror que sentí al contemplar la gráfica que mostraba una comparativa de las muertes que había habido por COVID y por suicidios en diferentes franjas de edades. Justo después dejé el móvil en la taquilla del trabajo y me fui. Durante el día de ayer empezó a tener mucha interacción, mucha muchísima. Dejo pantallazo del tuit en cuestión:

Tuit en el que se lee "Esto es terrible" y aparece una foto donde se ve una gráfica comparativa por edades de 0-29, de 30-39 y de 40-49 donde la columna de muertes por suicidios es el doble que muertes por Covid en las dos primeras franjas y en la última la supera por un cuarto. Se lee además que la fuente es del periódico El mundo y que titula la noticia: el suicidio, la pandemia silenciosa que se cobra más vidas de jóvenes que el covid-19.
Fuente de la noticia: El periódico digital El mundo.

Quizá no debería de darle más importancia, pero sí que la tiene. Que una noticia sobre suicidios cause tantísimo revuelo y que tanta gente la comparta quiere decir que comprendemos que, aunque esto viene de lejos, la pandemia nos está costando muchísimo más que la salud física. Los que me conocéis un poquito sabéis que la salud mental siempre está presente en mis discursos, así como en mis novelas. Que la última, Euforia, toque el tema del suicidio tampoco es casual. Eludir hablar de un tema solo lo convierte en tabú, invisibiliza un problema real al que hay que poner soluciones de inmediato. Con una sanidad pública colapsada, con tan pocos efectivos en las ramas de psiquiatría, y con tiempos de espera de más de un mes (depende de cada Comunidad) para que te hagan seguimiento, es lógico al igual que descorazonador que uno llegue a pensar que hay pocas salidas. Pero otra de las cosas que me ha enseñado este tuit viral, ha sido la cantidad de gente dispuesta a ayudar y a ofrecerse a escuchar. Yo, en lo personal, me quedo con esto.

También, el hecho de que tanta gente viera el tuit y opinara, me dejó una gran reflexión. Creo que es bueno hacer este tipo de ejercicio para ver qué impacto tienen tus palabras y actos en el mundo. Y creo no, sé que fue algo positivo. La gran mayoría se escandalizaba, al igual que yo y se preguntaba por qué no abría esto cada día las noticias en vez del COVID, otros me cuestionaban y me pedían explicaciones, a los que muy amablemente remitía a su fuente original y a otras fuentes que algunas personas aportaron a la causa. Desde aquí mi agradecimiento. El hecho de que la gráfica sea tan simple levantó muchas ampollas. Es cierto que no indica una cantidad, que tampoco hay una variable Y, y que usa una comparativa que nada tiene que ver una cosa con otra. Pero, con sinceridad, no era necesario porque hizo su función. Explicaba desde un concepto que conocemos porque lo vemos todos los días (COVID, infectados, muertes) y lo tomaba de referencia para mostrar otra realidad mucho más aplastante. ¿Que debería de haber cifras en esa noticia? Por supuesto. Pero no podemos tampoco exigir que por una vez que se hable de esto, se haga de forma tan exhaustiva. Y creo que en la simpleza del tuit está el por qué de su viralización.

Y no quiero acabar sin hablar de un tema muy preocupante, ya que algunos citaron el tuit con frases como «ahí estoy yo mañana» o «yo soy el próximo» o «la verdad que dan ganas de engrosar esas gráficas». Entiendo que muchos se lo tomaron a guasa con un XD final, ironizando, pero sé que otros solo dejaban por escrito su grito de auxilio. Porque a veces se verbaliza algo antes de pararse a pensar realmente en ello. Sin embargo, creo que esto me vino grande porque, aunque sí hablé con algunas personas, otras se me quedaban ocultas y tengo la sensación de que me quedó mucho por hacer. Sé que no es mi función. Que lo que ha ocurrido ha sido algo muy puntual, que solo soy una persona empática que quiere ayudar. No tengo formación de ninguna clase en cuanto a psicología, solo cuento con mi experiencia personal con la depresión y con el testimonio y charlas de otras amigas que han estado en mi misma situación. He leído mucho al caso, pero para nada me considero alguien que pueda ayudar de verdad. Solo puedo ser un oído, unas palabras de aliento, un primer paso que derive en ponerse en manos de un profesional. Pero mis MD siempre van a estar abiertos por si lo necesitas.

Y por último decirte que no estás solo. Ahora mismo las cosas no parecen muy halagüeñas, pero pasarán y tú dejarás de sentirte así. Créeme. Te mando un abrazo enorme y te insto a hablar.

Balance de 2021

¡Hola, hola!

Otro año que dejamos atrás y doce páginas nuevas en blanco que nos esperan. Como lleva siendo ya costumbre, toca hacer balance y reflexionar un poco sobre lo que ha dado de sí este 2021.

Este fin de año me ha tocado pasarlo confinada y, la verdad, no ha sido nada fácil. Iba con el preparamiento previo de la primera cuarentena, pero esta vez he tenido que pasarlo sola en una habitación, y debo reconocer que los primeros días han sido durillos. ¡Pero ya me queda poquísimo para salir!

Algunos tenéis una memoria prodigiosa para hacer balance, pero yo no tengo esa lucidez, así que he tenido que echar hacia atrás en la galería de fotos para recordar qué ha ocurrido en este 2021. Una de las primeras cosas que tuvimos fue a Filomena, su nevada tremenda y con miniconfinamiento incluido. Ese primer día disfruté mucho de la nieve. Los diez días siguientes no fueron tan divertidos por el hielo que había por todas partes. Espero, sinceramente, si vuelve a ocurrir algo parecido de nuevo, que hayamos aprendido de esta y haya efectivos mucho antes.

Mis tres novelas juntitas: Euforia, La chica del corazón de agua y La posada Shima.

Lo más reseñable que ocurrió después y lo más grande de este año fue la publicación de Euforia en abril de mano de mi querida editorial, Munyx. Una historia sobre amistad rota, añoranza y que toca la salud mental. Ambientada en Corea del Sur y con representación queer. Tuvo una aceptación muy buena y de vez en cuando me siguen llegando reseñas que me calientan el corazoncito. La novedad con esta nueva novela fue hacer presentación online y club de lectura online también. Ojalá pueda hacer algo presencial en algún momento de 2022.

Aunque sí que acudí a tres eventos presenciales este año: a la feria del libro de Vallecas, a la feria del libro de Madrid gracias a la litcon y firmé dos días en la feria del libro de Valencia. ¡Cuánto echaba de menos todo esto! Los lectores sois tan, pero tan importantes, y he echado tan en falta esa cercanía. De verdad que no recordaba sentirme tan nerviosa pero tan feliz al mismo tiempo.

Siendo ponente en la charla: Los profundos trasfondos de la literatura juvenil en la Feria del libro de Madrid.
Siendo ponente en la charla: Los profundos trasfondos de la literatura juvenil en la Feria del libro de Madrid.
Feria del libro de Vallecas.
Feria del libro de Valencia.

Sin embargo, Euforia no fue lo único que salió a la luz. En este 2021 he participado en dos antologías benéficas, una para la causa del Black Lives Matter: Antología esperanza. Mi relato se llamaba El lugar sin puertas. Y más recientemente participé en la Antología sueños de hadas con el relato El hada mecánica, cuyo libro podéis conseguir en físico y cuyo importe va destinado a protectoras de animales.

59773775. sx318
57335722. sy475

A pesar de todo, ha tocado cancelar también muchos planes. Tenía pensado viajar fuera de España si esto mejoraba, pero cuando tenía vacaciones, la cosa se complicaba. Aún así sí que me fui a Bilbao unos días del verano y me sirvió para desconectar e ir un poco más abrigada que en Madrid. También he vuelto al cine, he superado un año entero independizada, con todo lo que ello conlleva, y he sido muy feliz en mi casita. Aunque eso que pensaba de que iba a tener muchísimo tiempo para hacer todo lo que quisiera era una ilusión como un elefante de grande. El adulting se escondía detrás y eso sí que ha sido una jarra de realidad. Mantener una casa, el empleo que te da de comer y mantenerse vivo es muy difícil y sí, requiere mucho tiempo también.

No quería acabar la entrada sin actualizaros mi año de escritura (cosas no publicadas ni terminadas). No ha estado mal entendiendo los casi dos años tan complicados que llevamos con el Covid. A muchos nos ha afectado no solo en lo personal, en la salud, sino también en la productividad. Ha sido muy difícil ser creativo, recuperar rutina, centrarse. Sin embargo, no tengo esa voz enfermiza que me repetía de forma constante que no acabar un manuscrito por año era un fracaso. A veces sí que ha aparecido, no voy a negarlo. Llevo una relación muy larga con ella y no va a desaparecer sin más, pero es algo positivo al menos. Me subieron de horas en el trabajo y el cansancio al volver a casa hacía que no fuera capaz de poner tres frases seguidas. Así que me priorizaba y decidía desconectar y descansar. Ha sido muy difícil convencerme de que hacía lo correcto, de que no debía de estar haciendo cosas todo el tiempo, produciendo todo el tiempo. (Y esto lo digo mientras ocupo el tiempo de mi viaje en bus para escribir este párrafo). Bueno, a veces vuelve esa vocecilla y le hago caso. (aclaración: comencé a escribir esta entrada un par de días antes de dar positivo y tener que confinarme).

Como he dicho antes, no he acabado ningún manuscrito largo. Sí que he avanzado mucho con el proyecto Ryu, ¡justo hoy he alcanzado las 100 páginas! Si me habéis leído en redes, se trata de una segunda parte de la que por fin estoy satisfecha con todo. Cuando acabé la primera, empecé a escribir esta, pero no estaba del todo conforme con el planteamiento, así que dejé pasar los años hasta que tuviera una trama que la hiciera justicia. Magia, melancolía, demonios, reencuentros, ¡más traiciones!

Lo que sí que he escrito ha sido mucha poesía a lo largo de los meses. Tengo por ahí una cosita que quiero que vea la luz en 2022, así que espero que lo anticipéis con ganas porque es un proyecto muy personal. Os dejo por aquí uno de los últimos poemas del año:

En cuanto al proyecto conjunto que tenemos Carolina Casado y yo, ha habido algún que otro avance. Nos queda poquísimo para acabar la planificación completa del proyecto destrucción (ha sido tan difícil poder reunirnos durante todos estos meses), pero casi la tenemos. La escritura aún se va a demorar un poco por las novelas personales que tenemos cada una entre manos, pero queremos darle bien a las teclas en cuanto nos quedemos un poquito libres.

Y, por último, este diciembre comencé a esbozar otro proyecto que me tiene con mucha ilusión, el proyecto Cielo. No pensé mucho en el nombre del proyecto, ya que en realidad la primera frase de la novela se refiere a alguien mirando hacia el cielo, así que no creo que sea muy esclarecedor ese título. Quizá lo cambie más adelante. De este puedo decir aún poco, pero volveré a Corea del sur y habrá romance y un poco de ciencia ficción.

Y aquí acaba más o menos lo que he hecho en este año que hemos dejado atrás. Releyendo la entrada me doy cuenta de que no ha sido poco, y solo espero que este 2022 nos traiga ganas de seguir luchando y esforzándonos por lo que nos apasiona.

Mucha salud para todos y gracias por seguir ahí 💖

Más que nunca, hablemos de salud mental

Con la triste noticia de ayer, las redes se han llenado de condolencias, fotos y del mensaje de que hay que hablar más de salud mental y del suicidio. Pero a los dos días, con toda probabilidad, esto volverá a desaparecer y muchos volverán a las andadas porque no saben usar en condiciones una red social. El anonimato, el quedar por encima, la forma en la que cosificamos y no se ve a la persona tras una cuenta pública, no tener tacto ni respeto a la hora de opinar… Creemos que nuestras acciones en internet no tienen consecuencias, pero el eco que generan puede ser brutal.

Aunque la hipocresía con este caso ha ido más allá. Por un programa de televisión en el que una persona actuaba raro, de forma extrema a veces, en vez de poder pensar «necesita ayuda, hagamos algo por ella», no, las redes se cebaron, la llamaron loca y sí, le dijeron que fuera al psiquiatra, pero en tono de burla y desprecio. ¿Esto es lo que vale la vida de alguien? ¿De verdad somos seres tan insensibles? Alguien estaba gritando socorro y su comportamiento se tomó a mofa.

Debemos dejar de señalar, de dudar, de criminalizar a quien se sienta mal, de invalidar sentimientos negativos. Debemos empezar a creer y a intentar ayudar de verdad. Tendemos a ignorar lo que nos incomoda y eso solo nos hace cómplices de las consecuencias. Nosotros también tenemos culpa.

No soy alguien con muchos seguidores, ni cuyos tuits se viralicen, pero siempre intento aportar todo cuanto puedo a las causas que me resultan importantes. Y cuando se toca este tema, a mí algo se me enciende por dentro. No escribo sobre depresión para que siga quedándose en el silencio, no intento sacar el tema cada vez que puedo para que sigan ocurriendo desgracias. Lo hago porque sé que ayuda. Sé que alguien puede necesitar escuchar esas palabras, dar con el término, sentir la llamada y que busque ayuda.

Mucho antes de estar sensibilizada sobre las enfermedades mentales, cuando cumplí los 23, yo iba camino hacia la oscuridad sin saber que tardaría aproximadamente un año en ponerle un dichoso nombre. Porque yo no tenía ni una sola representación fiable de lo que era una depresión. Solo sufría, sin comprender por qué mi cuerpo y mi cabeza me odiaban tanto. Por qué me daba igual todo. Estar o no estar. Por qué no podía sentir. Por qué no era capaz de moverme ni de hacer nada con mi vida. ¿Por qué no supe entonces que podía pedir ayuda?

He dejado de buscar culpables desde hace tiempo, porque eso solo me hace sentir mucha tristeza. Por mí, por mi entorno, por las personas que, como yo, no tenían una lista de síntomas para comprender que por lo que estaban pasando era una enfermedad. Y que, como tal, podían acudir a un médico. Podían buscar a aquel especialista y encontrar tratamiento, bien con terapia, bien con fármacos. Pero que tenían esa opción. Opción que no contemplé hasta la última recaída importante y que me confirmó lo que, por mi cuenta, y tras dos años y medio, ya sabía.

Hablar sobre las experiencias personales es muy difícil, exponerte así da miedo. Pero a mí me da más miedo no hacer todo lo posible por tender mi mano y mi entendimiento a alguien que lo esté necesitando, a alguien que lo esté buscando, aunque aún no sepa de forma clara el qué. A mí me da más miedo que alguien más pase por el mismo túnel de incomprensión por el que pasé yo, saberlo y no poner todo mi empeño en atravesarlo juntos. A mí lo que verdaderamente me da miedo, es que la depresión mate. Sí, muerte. Parece que es lo que más tememos decir, pero no nombrarla la hace más fuerte. El índice de suicidios en España es escalofriante, y tras la cuarentena y con la pandemia, nuestra salud mental ha sufrido muchísimo. Intentemos tratarnos con más comprensión y ternura, ser más pacientes con nuestros ritmos, aunque la sociedad nos diga lo contrario.

Vivimos con la idea de la productividad, de la inmediatez, las modas, la felicidad impostada, pero ni una sola persona es así todo el tiempo. Todos necesitamos nuestros malos días, llorar, descansar, sentirnos mal. Está bien. Somos humanos.

Y también quiero decir que, sea por lo que sea que estés pasando, puedes pedir ayuda. No tienes que esperar a llegar a ningún nivel extremo, no tienes que compararte con Fulanito, que es que él sí que tiene un problemón. Cada uno tiene su vida y le afectan las cosas de formas diferentes. Lo que para uno puede ser una tontería, para otro puede suponer un trauma fuerte y viceversa. Lo que sientes es tan válido y tan real que no necesitas más para dar el paso. Todos merecemos estar equilibrados con nosotros mismos, todos merecemos estar bien. Y sí, la seguridad social es desquiciante. No hay medios, no hay profesionales, y no se puede hacer un seguimiento dando citas cada dos meses. Pero si acudes, seguirá siendo un paso importante para ti.

No tengo soluciones, lo siento, solo mi experiencia y palabras de consuelo. Siempre pienso que me gustaría poder hacer más, dar más. Pero solo tengo mis novelas y este pequeño altavoz que seguiré utilizando todo cuanto pueda.

No estáis solos. No estamos solos. Hablad, siempre hablad.

Crónica: Feria del libro de Madrid y Lit Con Madrid

No puedo empezar con otra frase que no sea: qué bien volver a los eventos presenciales.

Por ahora, solo he podido estar tres tardes paseando por la feria del libro de Madrid; dos de ellas esperando la cola kilométrica antes de la hora de apertura (17h), y la última, no voy a pecar de modestia, entré directamente porque mi nombre estaba apuntado en una lista. Y es que en esta ocasión era ponente de la última de las charlas ofrecidas por la Lit Con, siempre centrada en la literatura juvenil.

El domingo 12, tuve el privilegio de poder participar de ponente en la charla Los profundos trasfondos de la literatura juvenil que organizaron los chicos de la Lit Con Madrid. Como lleva siendo costumbre, durante estos años, en el primer fin de semana de la FLM, se celebran diferentes eventos y actividades enfocadas al público que consumimos literatura juvenil. He tenido la suerte de ir en muchas ocasiones como lectora, pero para mí ha sido todo un honor haber podido asistir a esta como autora.

Sonia Lerones mira hacia arriba mientras sus brazos descansan sobre su regazo. Está sentada con las piernas cruzadas sobre un sillón individual blanco. Lleva mascarilla. A la derecha hay una mesa cristal redonda.
Foto: Lit Con Madrid.

Las otras dos ponentes en la charla fueron Carolina Casado y Alba Quintas, dos escritoras a las que he leído muchísimo y a las que admiro más. Pero os preguntaréis, ¿sobre qué versó la charla?

Foto: Sofía Parra.

Tuvimos un moderador de excepción (Álex), que fue haciendo preguntas a una y a otra, conduciendo el discurso para que nos mojáramos en las cuestiones más importantes y haciéndonos sentir muy cómodas durante el evento. Hablamos de uno de los temas que más tocamos en nuestras novelas, la salud mental. Defendimos que una buena representación en literatura (y en el mundo audiovisual), puede hacer muchísimo bien, y que, por cierto, ya lo está haciendo. Porque una de las características que más me gusta de la literatura juvenil es que aborda una inmensidad de temas de actualidad y que, por lo general, los autores nos documentamos para crear un espejo fiel donde verse uno reflejado. Además, entre las tres, intentamos derribar el prejuicio tan grande que rodea a este no género literario, reflexionando sobre qué se puede hacer para que tenga más visibilidad y teorizando sobre su futuro.

Foto: Lit Con Madrid

No os puedo expresar con palabras mi gratitud cuando se me baraja como ponente, presentadora, o lo que sea en el ámbito de los libros. Jamás me había enfrentado a una mesa redonda en un pabellón así ni con un público como el del domingo. Fue una experiencia increíble y que aún me tiene en un estado un tanto eufórico.

Foto: Lit Con Madrid

En definitiva, pasamos una hora maravillosa (¡Gracias a todos los que vinisteis! Sé que era una hora un tanto tarde). Además, podéis ver esta ponencia resumida en este hilo de twitter que los chicos de la Lit Con Madrid fueron subiendo mientras hablábamos.

Foto: Alba Quintas.

Libro viajero: Euforia

¡Hola, hola!

¿Sabes lo que es un libro viajero? Consiste en que un mismo ejemplar de una novela viaje de casa en casa, de lector en lector, hasta que vuelva al escritor. Y, en el proceso, quien la lea pueda ir dando su opinión y reflejar las partes que más le hayan gustado o lo que le haya hecho reflexionar… El objetivo final es que el autor tenga un ejemplar muy especial lleno de cariño.

En esta ocasión, he decidido hacerlo yo con una de mis novelas. Es la primera vez que realizo algo así y me hace una especial ilusión. Ya he participado en varios libros viajeros y siempre he disfrutado viendo qué han ido comentando el resto sobre la novela, viendo dónde han puesto marcadores o notitas… Creo que es una experiencia muy bonita.

Pero vayamos al meollo.

En agosto hice una serie de encuestas para decidir la novela a leer y cuándo comenzar. La ganadora fue Euforia, la última novela que publiqué en abril, y también salió elegido septiembre. Así que hoy vengo a abrir esta convocatoria. Pero explico mejor:

¿En qué consistirá? En leer la novela cuando te llegue e ir dejando tus impresiones en el mismo libro por medio de notas, subrayado, opinión aparte… y luego enviárselo a la siguiente persona de la lista (importante, este envío corre por cuenta de la persona que posea el libro en ese momento). Por el tema Covid, creo que dejar unos 20 días por participante será suficiente (por si se quiere dejar el libro en cuarentena unos días en cuanto se reciba). Lo más importante, necesito compromiso real y responsabilidad. Es una cadena de lectura, así que ningún eslabón puede caerse una vez comience el libro a volar.

¿Estás interesado? ¿Cómo puedes apuntarte? Imprescindible mandarme un correo a: sonialerones@gmail.com indicándome quién eres, tus redes (para ubicarte mejor!) y por qué estás interesado o interesada en participar en este libro viajero. (Solo para residentes en España. Y tienes hasta el 5 de septiembre para enviar el mail).

Depende de las personas que se apunten, así haré una pequeña selección. Para respetar la identidad del resto de participantes, enviaré de forma particular la lista con el número que te ha tocado en la lista. Para que puedas hacerte una idea aproximada de cuándo debería de tocarte. En redes iré actualizando y avisando al siguiente participante cuando toque.

Si quieres leer esta novela ¡es una buena oportunidad para hacerlo! Además de vivir una experiencia única en el proceso. ¿Te apuntas?

He venido aquí a no hablar de mi libro

Pero, ¿cómo es esto? ¿Un escritor que no publicita sus novelas?

No, no es eso. Simplemente tengo la sensación de que cuanto más me pronuncio sobre lo que escribo o publico, más invasiva soy. Sé que es un concepto erróneo, que esto solo me lleva a caer en un bucle del silencio conmigo misma, pisoteando mi trabajo y ocultando algo de lo que debería estar orgullosa. Sin embargo, no puedo despegar de mi mente la creencia de que, en cuanto nombro o subo una foto de una de mis novelas, estoy siendo pesada.

Soy la primera que disfruta con la promoción de otras novelas, que le encanta ver a las autoras moverse, ilusionarse y recibir un feedback maravilloso. ¿Por qué no me aplico el cuento yo también? Y no solo eso, ¿por qué mis amigas escritoras se sienten igual que yo?

Imagino que nos falta ego, seguridad, creérnoslo un poquito más. No invertimos uno o dos años de nuestra vida en escribir, acabar, pulir, corregir, publicar y publicitar nuestra obra solo para boicotearnos al mes de salir y guardar todo ese esfuerzo en un cajón. Y, sin embargo, es algo que sucede dada la caducidad tan temprana que tiene una novela. Parece que, con cada libro, solo se permiten unas semanas para poder verlo en todas partes y, que, inmediatamente después, debe desaparecer. Es cierto que esto es debido a la inmediatez de las redes sociales, la necesidad de estar a la última, de leer lo último; y este consumo tan rápido tiene su lado negativo, que es la desaparición también en un lapso corto de tiempo. Y la autocreencia por parte del autor de que, en efecto, debe hacerlo. Por eso nos damos al botón de mute y seguimos con nuestra vida, volcándonos en el siguiente proyecto.

Pero, ¿acaso a alguien que le encante la fantasía y Japón no puede interesarle una novela con esos mismos requisitos, pero publicada en 2018? (Sí, hablo de uno de mis libros, de La posada Shima. Hola, esta soy yo intentando convencerme de que esto no es spam. ¡Y no lo es!). A veces me sigo sorprendiendo de que alguien la reseñe o suba una foto hablando de ella. Lógicamente me emociono mucho si sucede esto con la última (Euforia, 2021), pero que siga pasando con la primera, es algo casi impensable. Y me da mucha pena tener tan interiorizada esta caducidad, porque no debería de ser así. Imagino que gran parte de la culpa la tiene el síndrome de la impostora. Pensar: ¿quién soy yo para decirte qué consumir, qué leer? ¿A quién le importan mis historias o lo que tenga que decir?

Mis cuatro novelas publicadas, las tres de la izquierda con la editorial Munyx.

Son ya unos cuantos años peleándome conmigo misma con este tema y aún no he llegado a ninguna conclusión. Es un trabajo diario que muchas veces me supera y por eso callo, me oculto tras la pantalla, aunque me muera de ganas por contar detalles sobre esto o lo otro. Y creo fervientemente que hablar de esto puede ayudar un poco. Porque sé que no estoy sola en esto, y que vosotros tampoco lo estáis. No tengo la receta de cómo salir de este bucle, pero solo quiero dejar un mensaje más positivo al final de este post. Y es que todos tenemos historias únicas y genuinas, que nuestras voces importan, que somos del todo válidos, y que escribir nunca es un caso perdido.

A veces tenemos que recordarnos por qué hacemos lo que hacemos. Y la respuesta es porque nos sale, queremos y adoramos esto. Procuremos no ponernos más zancadillas, saquemos las ganas, abramos las alas. Merece la pena.

Curiosidades de Euforia: lugares reales.

¡Hola, hola!

Tenía preparada esta entrada para publicarla al poco de que saliera la novela, pero por unas cosas y otras, al final siempre la dejaba ahí. Pues hoy quería contaros un poquito sobre la base real que aparece en la novela, sobre los lugares que pisan los personajes. Hoy me centraré en los diferentes escenarios donde sucede la acción, porque esos lugares existen.

Jun vive en Seúl, y algo de la cuidad se verá cuando haga de guía turístico en cierta parte de la historia. No esperéis aquí gran cosa porque van al palacio más visitado de toda Corea del Sur y a pocos sitios más, como el ayuntamiento. La plaza de Gwanghwamun, que es la antesala del palacio Gyeongbokgung, tiene unos 500 metros de longitud y debajo guarda el centro cultural Sejong. También nombro el mercado de Tonguin, uno de los más grandes y que cuentan con moneda propia. Al comienzo debes cambiar tus wones por esas moneditas y te dan a su vez una bandeja. Debe de ser toda una experiencia comer allí.

Plaza Gwanghwamun - Banco de fotos e imágenes de stock - iStock
Plaza de Gwanghwamun con el palacio detrás.
Túmulos funerarios (Gyeongju) Corea del Sur
Túmulo funerario.

Sin embargo, toda la acción se va a desarrollar en la ciudad natal de Jun y sus amigos, Gyeongju, al este de Corea. Una de esas ciudades emblemáticas por su historia y conocida por albergar el mayor número de túmulos funerarios. Apodada como «el museo sin paredes», data de la época de Silla y fue la capital del reino. Además, tiene muchos parques y un lago artificial, el lago Bomun, muy turístico, y cuyos paseos bajo los cerezos en flor te podrían quitar el aliento. También tiene dos estaciones de tren, una en el centro y otra a las afueras, más moderna, y desde la que llega el ktx, el tren expreso, que une Seúl con Gyeongju, entre otros. Uno de los tantos lugares turísticos que ver es el puente Woljeonggyo, abajo en la imagen. Unía el palacio Wolseon con la montaña Namsan.

Puente Woljeongyo en Gyeongju
Puente Woljeonggyo.
Exterior del Sugar Hotel.

Sin embargo, lo más destacable de la ambientación real que usé, es el Sugar Hotel. Que sí, existe. Aunque entra dentro de la lista de los hoteles del amor (en los alrededores hay alguno más, pero también más notable de que son para lo que son), yo no quería que tuviera esas connotaciones en mi historia, así que me puse a buscar por otro lado; pero entonces leí varios blogs y reseñas de españoles y extranjeros que habían acabado en el Sugar Hotel por su ubicación. Más allá de destacar sus habitaciones estrambóticas y lo céntrico que quedaba, no me dio la sensación de que nadie se sintiera incómodo durante su estancia. Así que dejé que Jun se hospedara allí. Lo cierto es que me gustó mucho en un principio porque tenía mucha personalidad y daba mucho juego a la hora de interactuar con Momji y hacer bromas. Por aquí unas pocas fotos para que os hagáis una idea de a lo que me refiero con estrambótico.

También sale una playa que está a hora y media de Gyeongju, aunque aquí sí me tomé la licencia de crear el acantilado que sale en la portada y el aparcamiento tan importante para el clímax de la historia. Sin embargo, los tiempos con el transporte tanto en tren como en coche, están comprobados.

Acantilado que aparece en la portada de Euforia, ilustración obra de Inma Moya.

Y hasta aquí la entrada de hoy. ¡Espero que os haya parecido interesante! Al final, con esta novela recopilé muchísimos datos e información, y esta en concreto me enamoró.

Estoy aquí para ti.

Hace tiempo que no me paso por aquí, y siempre que subo alguna entrada nueva me digo que voy a escribir 20 más, que me gusta demasiado hablar de cosas concretas, poder explayarme gracias a este formato, pero luego nunca sucede. Y es que la gran parte del tiempo siento que no tengo nada que decir o que no es lo suficientemente importante como para escribir un post. Sin embargo, hoy quería abordar un tema en el que llevo pensando muchos meses y que, por fin, se ha materializado.

Ich bin da, I am here. Estoy aquí.

Siento que escribir es como una reafirmación. Tú, como escritor, te reafirmas en el mundo. Con tus ideas, con tus mensajes, con lo que quieres contar. Es como decir que estás aquí, que lo puedes demostrar con esta o esa otra historia. Vuelcas un sentimiento del momento en ella para luego quedarte mirándola y decir: «es mía, es un trozo de mí, existo». Y no es que antes no existieras, pero sí que con cada nueva novela apareces un poquito más. Sé que esto tiene mucho que ver con el síndrome del impostor, con no creernos las cosas buenas que nos pasan, con la inseguridad eterna del creador. Pero sí me he dado cuenta de que, conforme la pila de libros crece y yo voy aprendiendo más y más, los deseos y la meta a alcanzar se hace más grande también. Ya no es sólo reafirmación, el «puedo hacerlo», el «esto es un trozo de mí», ahora tiene un significado más enrevesado. Porque ese deseo ya no es algo que tiene que ver solo conmigo.

En la imagen aparecen mis cuatro novelas superpuestas: Euforia, La chica del corazón de agua, La posada Shima y Fugitivo adornadas con flores secas alrededor, haciendo un círculo.
Euforia (Editorial Munyx, 2021), La chica del corazón de agua (Editorial Munyx, 2019), La posada Shima (Editorial Munyx, 2018), Fugitivo (Editorial Círculo Rojo, 2015).

Desde que publiqué La chica del corazón de agua (Editorial Munyx, 2019), me di cuenta de que puedo ser útil. De que mi escritura puede ayudar, arrojar luz, y de que eso era lo que realmente quería conseguir. Por eso hablo sobre salud mental, por eso siempre hay representación LGBT+ e intento tocar temas de actualidad. No pretendo ser un manual de autoayuda, para nada. Creo que la mejor forma de darte cuenta de algo es verte reflejado, leer sobre un personaje y decir: «ufff, sí» (o «ufff, no»).

Creo firmemente que la literatura es una cura. Que se puede aprender con cada novela y sacar lecciones o argumentos para refutar tus convicciones (estés de acuerdo o no con lo que hayas leído. Porque no todo lo que está escrito es para que te lo creas o estés conforme). Sin embargo, en mi caso, me he dado cuenta de que quiero ser una mano extendida. Desde esa publicación en 2019, he recibido muchísimos privados con historias personales que me han tocado mucho la fibra. No me creía que algo que yo había escrito pudiera significar tanto para alguien, lo suficiente como para buscarme y hablarme, para contarme su historia. Y es que subestimamos muchísimo lo que ser simplemente un oído al otro lado puede suponer para la persona que habla.

Quizás con La chica del corazón de agua, tras un tiempo, entendí que era normal recibir ese tipo de reacciones. Hablar sobre una enfermedad mental tan estigmatizada como la depresión y explicada desde dentro podía alentar a otras personas a hablar de alguna experiencia parecida. Pero es que con Euforia está ocurriendo igual, y no sabes lo orgullosa que me hace sentir que alguien se abra de esa forma conmigo. Me da vértigo, porque me gustaría poder hacer más por cada uno… Pero aún soy una persona muy pequeña que está descubriéndose a sí misma.

Lo que quiero decir, resumiendo todos estos párrafos, es que me uses. Usa mi escritura para tocar temas de los que puede resultar más difícil hablar, busca confort y esperanza en mis letras, úsame. Porque no estás solo. Me tienes aquí. Para servir de ejemplo y de mal ejemplo, para escucharte, para empatizar, para aprender.

Estoy aquí.

PD: Feliz día del orgullo. Espero que todes encontréis vuestro lugar seguro. Mientras, sigamos peleando y haciendo ruido.

Euforia + aviso de contenido

¡Hola, hola! 

Hoy os vengo a hablar un poco de la novela, dado que la preventa ¡ya está activa! Podéis reservar Euforia a través de la web de la editorial, que, además, os vendrá con firma y regalitos.

Ya di unas pinceladas de Euforia cuando todavía era un proyecto, escribí precisamente sobre ella aquí.

Lo primero, ¿de qué va? De un grupo de amigos de la infancia que, tras un incidente, uno de ellos decide marcharse a Seúl, con lo que el grupo se disgrega. La historia empieza con nuestro protagonista, Jun, volviendo a su pueblo natal. Ha estado teniendo sueños con ellos y quiere comprobar si todo está bien, si aún no es tarde para recuperar lo que un día tuvieron. Sin embargo, nada será como imagina; los encuentros sorpresa solo le traerán más dolor y harán patente que todos han pasado página.

Como habéis podido intuir, ocurre en Corea del Sur. Y, aunque imagino que quizá pensabais que hablaría sobre k-pop, no es el caso. Es una historia de personajes, en la que vuelvo a tratar la salud mental por medio de varios de los protagonistas. Esto es algo en lo que quiero extenderme un poco porque en la novela he decidido no poner aviso de contenido. Como bien defendía Carolina Casado en este artículo, los trigger warning se han desvirtuado un poco y creo que la novela no es para nada escatológica o dañina. Puede incomodar, claro; como siempre que se trata de una enfermedad mental, para entenderla hay que ponerse en la piel de alguien enfermo. Así que sirva esta entrada y los tuits que pondré durante este tiempo como ese aviso.    

Si no quieres saber de qué enfermedades hablo en concreto, porque pienses que es un poco spoiler, no leas este párrafo: En Euforia se trata la anorexia nerviosa y la depresión, también se habla del suicidio, aunque no se muestra nada, solo se explora lo que sienten o sentían en algún momento los protagonistas. Y, si me habéis leído alguna vez, ya sabréis que siempre trato estos temas habiéndome informado mucho, acudido a fuentes de primera mano y con el máximo respeto posible, sin dejar de lado el mensaje esperanzador, porque se sale, se puede salir. Pero eso no quita que pueda ser incómodo leer a Luha o algunos pensamientos de Jun. Pongo más el foco en Luha porque es el que empieza la novela en un hospital. Aunque el hilo argumental de la historia es la separación de los chicos y lo que ocurre a partir de entonces.  

Ilustración de los cuatro protagonistas por Inma Moya.

Para presentaros un poco a los cuatro amigos os dejaré esta frase extraída de la sinopsis:     

El chico del anuncio, el chico del hospital, el chico que vive en la calle y el chico que se fue.

Esa es la situación de cada uno justo al comienzo. ¿Podrán cambiar su situación al final?  

Bienvenido, 2021.

¡Feliz año nuevo!

Este es el tercer año que voy a hacer esto, lo de escribirme una carta sobre lo conseguido y perdido en 2020 y qué espero del 2021. Sé que las dos cartas anteriores sirvieron a algunas personas para parar y hacer el mismo ejercicio de reflexión, algo que me parece muy importante. Siempre he hablado con honestidad, así que hoy no va a ser diferente.

Sonia con el pelo rizado y mascarilla de papá Noel mientras se señala uno de los dibujos de la mejilla.

Para mí 2020 iba a ser EL año, aunque suene a tópico. Me esperaban grandes planes en forma de viajes y experiencias nuevas. Empecé un proyecto a cuatro manos con Carolina Casado; íbamos a hacer un viaje a Valencia para ver a nuestra Rolly embarazada en verano; iba a ir a Barcelona a ver en concierto a mi grupo favorito en julio (BTS), que era la primera vez que venían a España; iba a viajar hasta Seúl y Jeju en abril (Corea del Sur), viaje que hacía por mi cumple y que llevo deseando desde ni se sabe… Y todo se torció. No lo pude hacer. Se canceló.

A todos la pandemia nos pilló desprevenidos, con demasiados sueños en la maleta. Sé que tampoco es algo dramático, que ya habrá ocasión, pero en su momento fueron cancelaciones dolorosas. Sueños que se rompían. Y si la cuarentena encerrada en casa ya fue dura, cada golpe nuevo era peor.

Sin embargo, creo que ya nos hemos quejado mucho de lo que no hemos podido hacer. Y he tenido la gran suerte de poder hacer otras cosas. Enero y febrero fueron meses de mucha socialización. Estaba feliz porque Carol y yo habíamos anunciado nuestro proyecto conjunto, había ido a varias presentaciones de libros, presentado también a mi querida Rolly aquí en Madrid y asistido a los Templis, evento que espero pueda repetirse este 2021.

Antes de la pandemia pude ver en concierto a una de mis artistas favoritas, Halsey. El concierto fue maravilloso y pude reencontrarme con unas amigas preciosas. Además, me quedé a dormir en casa de Lau y Shei.

En cuanto a escritura, este año no he acabado ningún manuscrito, pero sí que me he visto muy motivada a aportar, a escribir para poder entretener y ayudar. Podéis leer en lektu con pago social un par de relatos largos (Una flor de sangre y Esperanza en guerra dentro de la antología Relatos de diez autoras para pasar la cuarentena) de los que me siento muy orgullosa. He escrito más, pero que se pueda leer, esos dos. Además, en noviembre se anunció mi participación en la Antología Esperanza con el relato El lugar sin puertas, que recaudará dinero para una de las familias del #BlackLivesMatter.

Durante los meses de cuarentena conseguí más bien poco. Con tal de no perder el ánimo y la cordura me bastaba. En abril empecé a hacer yoga y seguí durante mayo todos los días. También aprendí a leer coreano️, aunque tardo mucho, pero eso que me llevo.

Volviendo al tema de la escritura, durante el mes de julio cumplí un reto autoimpuesto que consistía en escribir una poesía al día y subirla a mis redes (podéis encontrarlas en mi feed de Instagram o en Twitter con el hashtag #poetryinjuly). Salieron algunas muy buenas y otras que ni tan mal. Hacía mucho que no escribía poesía y, aunque fue muy difícil seguir el ritmo, lo conseguí y me siento muy orgullosa de haberlo hecho. Ahora me ha quedado un poso de añoranza que voy supliendo poco a poco, escribiendo poesía cuando me siento inspirada.

Y la gran noticia se desveló en agosto desde Onyx: el año que viene vuelvo a publicar. ¡Euforia encontró casa! En la primavera la tendréis en vuestras manos. Abril traerá los cerezos en flor y una novela muy especial bajo el brazo. El año pasado recuerdo terminar de escribirla y acabar con muy malos sentimientos. Me di este año para relajar mi ritmo de autoexigencia, para calmar a mi cabeza, y debo de reconocer que tomé la mejor decisión posible. He visto de cerca la amargura de publicar durante el confinamiento y no sé si yo habría podido soportar algo así. Mi mente estaba muy frágil a comienzos de 2020, pero ahora ha ganado resistencia y ánimo. Tengo muchísima ilusión por saber qué pensáis de mis niños y de esta preciosa historia cargada de añoranza, amistad y un poquito de dolor.

Aesthetic de la novela Euforia. Abril 2021.

En noviembre salí en televisión hablando sobre salud mental. A principios de año me contactaron para acudir de invitada a la grabación de Eso no se pregunta (Telemadrid). Querían hablar sobre depresión y yo acepté en cuanto vi que iban a tratar con la suficiente seriedad el tema. Además, el formato me daba cierta seguridad para hablar y, una vez allí, estuve comodísima. Si os interesa, se puede ver por la web de Telemadrid y a Youtube lo subirán en algún momento.

A pesar de que este año no pude cumplir muchos de los propósitos que me plantee al comienzo, se ha cumplido el propósito más improbable, el que llevaba años arrastrando y que ya pensaba que iba a ser imposible de conseguir: me he independizado. Llevo como un mes fuera de casa y, aunque al principio sentí mucho vértigo, ahora sé que hice bien porque tengo a mi lado a quien me cuida como lo más preciado. Quizás esta especie de luna de miel es porque estamos en esas primeras semanas de emoción, de probar a hacer platos por primera vez, invitar a padres (con todas las medidas de seguridad e higiene), y muchas cosas que parecen novedosas aunque se convertirán en rutina. Pero lo cierto es que esta etapa, justo ahora, estoy feliz. Y justo ahora me doy cuenta de lo que nos ha intentado enseñar 2020. A vivir el ahora, el presente. Disfrutar de lo mundano, de las personas cercanas, del contacto, aunque sea a distancia.

Como colofón, la guinda del pastel vino el 13 de diciembre: he vuelto a ser tía de una bebé preciosa y tranquila. Marina, aunque ha costado vernos, me vas a tener siempre ahí, al igual que tu hermana.

Y por eso, este, de todos, es el año más raro e imprevisible de mis 28 primaveras. Así que lo único que le pido al 2021 es salud y equilibrio. Que no haya socavones insalvables, desvíos imprevistos, sorpresas que nos quiten ilusión. Sigamos disfrutando del ahora, de las amistades que nos han mantenido a flote, del amor que ya teníamos y del que hemos encontrado en el camino, de las pequeñas victorias.

Bienvenido, 2021.