NaNoWriMo2018

¡Hola, hola!

Comienza el National Novel Writing Month que, para quien no lo sepa, es una iniciativa que dura todo noviembre y que consiste en escribir todos los días unas 1.667 palabras para llegar, al finalizar el mes, a las 50.000 palabras escritas (lo que sería una novela corta).

fghfgfjfjdgj2Yo llevo participando desde 2015 y, aunque nunca he llegado a conseguir escribir tanto, sí que me ha servido para darle un empujón al manuscrito que tenía entre manos en ese momento. Por ejemplo, en ese mismo año me sirvió para avanzar con La posada Shima (Onyx Editorial, 2018); en 2016 me ayudó mucho con La chica del corazón de agua (publicación en primavera 2019, Onyx Editorial); en 2017 comencé un proyecto de cero que no cuajó y que se llamaba Héroes de papel; y en este 2018 estoy centrada en avanzar con la novela, que no tiene título todavía, y por eso se llama Proyecto Adriana.

Este año sé que tampoco voy a cumplir con el objetivo del NaNo porque, por viajes y eventos, soy consciente de que no voy a tener tiempo y de que no voy a poder ponerme a escribir todos los días. Además, yo uso esta iniciativa como un estímulo, no como lo que es en sí. Ya he probado muchas técnicas para mejorar mi productividad y lo que mejor me viene es una rutina. En los últimos meses he estado procrastinando mucho y centrándome en otras cosas que me apetecían más, como ver pelis o escuchar nueva música. Este mes quiero centrarme en esta historia y sacarla adelante, que después me toca una corrección intensa.

Proyecto AdrianaPara ir calentando motores, yo ya he rellenado la página de la novela: #ProyectoAdriana, por si me queréis seguir o cotillear sobre lo que va. Ya tiene su portadilla con Edimburgo de fondo y nada, que poco más puedo decir porque soy brújula y los personajes van moviéndose como quieren. Lo bueno es que, tras mi viaje a Escocia, me he traído una experiencia vital muy buena, que era lo que necesitaba para darle al contexto la rotundidad que buscaba.

Solo me queda deciros que no os agobiéis, seguid vuestro ritmo. No pasa nada por llegar antes o después o no llegar al mínimo. El número de palabras no es lo importante, sino el contenido. Que os sintáis cómodos, que améis lo que estéis escribiendo, que disfrutéis de la experiencia. La escritura es liberación, no una obligación.

Espero que os encante embarcaros en este mes de locura. ¡A por el reto!

Sobre depresión y “La chica del corazón de agua”.

Quiero advertir desde el comienzo que, si sientes que en algún momento mientras lees esto te empiezas a encontrar mal, que pares. Y que, si sientes algo parecido, te insto, por favor, a pedir ayuda. A hablar con alguien. Quien sea. Conmigo si quieres. Yo estoy aquí, yo quiero escucharte.

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Aesthetic de Petra. Fuente: Pinterest.

Ayer escribí un tuit en el que anunciaba que hoy se cumplía el primer aniversario desde que puse punto y final a una historia que hizo que diera todo de mí. Al principio se llamaba #ProyectoAgua o #ProyectoA. Tardé bastante en dar con un título acorde, pero, al final, lo encontré y me siento muy orgullosa de su significado (el aesthetic). También comentaba que se cumplía casi un año de mi recuperación. No puedo decir una fecha exacta, pero fue en algún mes después de terminar de escribir la historia de Petra. Y quizá hubiera mejorado antes, porque meterme en la piel de ella me exigió, a veces, demasiado. Tanto como para volver a sumergirme en la distimia conforme escribía.

Con esto no quiero decir que sea ejemplo de nada. Me hacía daño a mí misma al ponerme en situación, al volver a experimentar lo que era tener depresión. Solo sé que, al acabarla, me liberé y terminé por cerrar heridas y curarme. Por eso significa tanto para mí esta novela. No es mi historia, pero sí lo que yo sentía.

A raíz de esto, unos cuantos me hicisteis preguntas por privado. Sobre qué era lo que me pasaba, cuánto duró, cómo me di cuenta, qué hice para ponerle remedio, etc. Insisto en que no soy experta de nada, solo tengo mi experiencia para compartirla y confesar que hice muchas cosas mal. ¿Queréis saber un poco de mi historia? Aquí os dejo algunas pinceladas:

Durante el 2015 ocurrieron muchas cosas, tanto a mi familia como a mí. Aquella bola, por orgullo, por ser una chica que se calla sus cosas, por no querer preocupar, pues quise tragarla sola. Y lo hice. ¿Qué pasó? Que por dentro me anuló. Cuando comencé el último año de universidad en septiembre, mi cuerpo me dijo basta. Mi mente estaba tan sobrecargada que sentí cómo sus manos removían en mi interior y me apagaban.

Me costaba mucho salir de la cama, estaba muy cansada durante el día, comencé a no sentir emoción por lo que antes me ilusionaba. Imaginad lo frustrante que fue autopublicar Fugitivo, cumplir un sueño de toda la vida, y no poder alegrarte por ello. Tenerlo en las manos y no experimentar esas mariposas porque alguien las ha matado. Por eso no pude proyectar aquel momento tan especial con la intensidad que debía. También me forzaba muchísimo a sonreír y a intentar estar bien cuando salía; lo que luego se materializaba en más cansancio.

Después comenzó el dolor en el pecho. Había días en que me ahogaba y no podía hacer otra cosa que concentrarme en respirar, en que mis pulmones funcionaran. Era desquiciante porque o era como una marioneta, viendo la vida pasar, sin hacer absolutamente nada, o sentía aquel dolor. Así que lo que se suele tener en el imaginario popular de lo que es la depresión (tristeza y llanto), en mi caso no se correspondía. Me costaba mucho llorar. Sentir algo. Lo que fuera.

Pasaron meses, sí, meses, antes de saber que aquella época larga de sinsabor, de sinsentido, de vacío, tenía un nombre. Que era una enfermedad mental y que se llamaba depresión. Yo no sabía que algo así me podía tocar a mí. ¿Cómo? Si estaba bien con mi familia. Si iba a la universidad, tenía amigas, y no me faltaba de nada. Pero es que esta es una enfermedad que va más allá de tu estabilidad mental y física. Es pura química.

A partir de entonces intenté salir un poco más y empecé a realizar una cuadrícula con diferentes estados de ánimo para ir marcando cada día. Comencé a hacer un seguimiento de mis rutinas y de repetir lo que me sentaba mejor. Me di cuenta de que los lunes eran el peor día de la semana, por ejemplo, cuando acudía aquel dolor en el pecho. Después vi que era porque lo relacionaba con la productividad. Era mi mayor preocupación las veinticuatro horas. Por eso en la cuadrícula añadí diferentes acciones, para que mi mente entendiera que en realidad sí que hacía cosas a lo largo del día. No sabéis lo mucho que aprendí de mí durante todos los meses que hice aquello.

Fui mejorando poco a poco. Pero nadie lo sabía. Aquí es donde hago una pausa para deciros y pediros directamente que no seáis como yo. No en este punto. Era muy difícil de explicar, incluso de pensar en lo que me estaba pasando. No era capaz de enfrentarme a nadie y decirle que el vacío que sentía era tan grande que me daba igual incluso morir. Que todo me daba igual, que los días se sucedían y que sentía que me volvería loca. Que a veces me pellizcaba para sentir algo porque mi mente me decía que solo podía experimentar dolor o ese vacío. ¿Cómo decirle algo así a tus padres? Pues lo hice, mucho más adelante.

A principios de 2017 tuve una recaída. Curarse nunca es un camino recto y en ascenso. Hay curvas y agujeros. Fue entonces cuando había comenzado la historia de Petra y cuando, de manera consciente, quise ponerle remedio. Me costó mucho decírselo a mis padres (y en realidad apenas fui capaz de expresarme). Fui al médico, que me derivó al psiquiatra (fue una muy mala experiencia) y le pedí ver a un psicólogo (que me dio respuestas, diagnóstico y soluciones). Fueron unos meses de turbulencias por el motivo que os di al comienzo. La historia me exigía un estado mental del que intentaba salir. Pero no me arrepiento de haberlo hecho, dado que, cuando acabé de escribir, comencé de verdad a curarme. Fue un proceso catártico. Después, ellos leyeron la historia. Fue la única forma que encontré de decirles cómo me había sentido. Mis palabras llegaban tarde, claro. No quería que se sintieran culpables por no haberlo visto, por no haberme visto. La única que tuvo culpa fui yo. No pedí ayuda y la necesitaba. Todo habría sido diferente si lo hubiera dicho.
A veces me preguntan cómo estoy. Mis amigos y mi pareja también. Y debo deciros que es lo más bonito que podéis hacer por alguien a quien queréis. Preguntar, escuchar.

Siento que la entrada me haya quedado tan larga. Cada vez que cuento mi historia me libero un poquito más. Sigue costándome mucho hablar sobre ello, pero no quiero que caiga en saco roto. Si puedo ayudar al menos a una persona, seguiré. Si puedo darle un poquito de visibilidad a esta enfermedad (la primera incapacitante en TODO el mundo) y resaltar su importancia, seguiré.

Gracias por leerme.
Estoy aquí para escucharte.

Cuando la autoexigencia te detiene

Hace unos meses que, aunque intento volver a la escritura y a retomar proyectos, me cuesta mucho sentarme y llegar a concentrarme lo suficiente para avanzar. Sé que en parte es por haber perdido rutina. Creo que es algo que solo consigo cuando la historia está casi a la mitad y me pico para continuar.

Sin embargo, el otro día, hablando con otros amigos escritores y charlando sobre las inseguridades y lo mal que nos sentimos a veces con nuestros escritos, he llegado a una conclusión:

La crítica que llevo dentro no me deja escribir.

Imagino que es porque ha crecido, ha ganado experiencia tanto leyendo como escribiendo y ha llegado al punto de exigirme tanto que me bloquea.

Por lo que sé, no soy a la única que le pasa. A algunos les afecta a su productividad (hola, qué tal) y a otros a su visión de escritor (sintiendo que no vales para esto, que no eres lo suficiente bueno, que todo lo que sale de tu pluma es una m*****). A veces se juntan ambas y pa qué, pa qué. Que es inevitable ir ganado una visión cada vez más objetiva, pero es que es desquiciante cuando no te deja juntar dos párrafos más de dos días seguidos.

¿Qué hacer ante esto?

No, no ir a un supermercado a atiborrarse de gofres y tarta y bollería y chocolate. Que darse un capricho de vez en cuando tampoco viene mal, pero ese no va a ser mi consejo. (Y sí, creo que se nota mi obsesión por Millie Bobby Brown aka Eleven en Stranger Things).

¿Que qué hacer? Pues tomarlo de la manera más positiva posible porque, de otra forma, nos va a devorar y vamos a dejar de escribir. Si no le ponemos remedio, va a estar ahí machacándonos a cada hora. Porque la cabeza es terrible. Te hunde de una manera inexorable.

En mi caso, estoy leyendo mucho y hablando mucho con otros escritores. Me lo tomo como formación. Como un ejercicio. Porque sé que si me fuerzo a escribir, la frustración podrá conmigo y me aplastará como en otras ocasiones. Así que estoy aplicando una nueva filosofía conmigo misma. Porque, ¿sabéis? Es una de las cosas que he aprendido en estos años. Que es lícito ser indulgente con uno mismo. Que podemos darnos tiempo. Que podemos decir <<ahora no>>, y no pasa nada. Que primero está la salud mental y que nadie va a juzgarte por ponerte en primer lugar.

Con esto no quiero decir que deje de lado mis proyectos. Los estoy perfilando poco a poco. Pero intento fijarme en lo bueno de la situación, como que estoy encajando con más perspectiva las tramas y situaciones o que estoy modelando a los personajes concienzudamente. Además que, por suerte, estoy con la corrección de La Posada Shima (Editorial Onyx, junio 2018) y me mantiene a flote porque, al menos, siento que estoy siendo productiva.

Pero a lo que quiero llegar es a que, cuando empiezas a autosabotearte, debes pararte a pensar qué está pasando y darte cuenta de lo que está mal. Ver qué comportamientos tóxicos has adquirido y ponerles remedio. Sé que es muy complicado juzgarse a uno mismo e intentar redirigir los pensamientos a otros lares, pero también sé que, a la larga, nos irá mejor y podremos seguir creciendo. Y, sobre todo, que no estamos solos. Podemos compartir todo esto que sentimos. Mis amigos han sido lo mejor que me ha pasado en la vida y tengo la suerte de poder disfrutar de su empatía, consejos y apoyo. Creo que es el primer paso para destensar este nudo que nosotros mismos nos atamos.

Proyecto: Héroes de papel

Al igual que cuando empecé a escribir La chica del corazón de agua, parece que me animo a seguir dándole a la tecla cuando voy compartiendo los avances que hago en mi universo literario. Así que hoy quería hablaros del proyecto en el que ando esfrascada: Héroes de papel.

Para el #NaNoWriMo me obligué a comenzar una nueva historia que apenas tenía esbozada en la cabeza. Algo terrible, porque no tenía nada pensado y así ha salido el reto, fatal. No he llegado ni a las 15.000 palabras. Peor que el año pasado. Pero bueno, siendo un fracaso o no, he conseguido lo que quería, empezar algo nuevo.

Unos meses antes había abierto un word esbozando algo parecido a un prólogo y a un momento muy turbio sobre una tal Jena. Pues bien, ese pequeñín ha crecido en mi cabeza y ahora cuenta con más de 30 páginas. En noviembre quise escribir, pero hice las cosas mal y no me salió nada. En estos primeros días de diciembre sin embargo, al tener las ideas mucho más maduras, le he pegado un pequeño empujón a las tramas y a lo que quiero que ocurra. La libreta de flores que estoy utilizando se está llenando de escenas, de nombres, de poderes, de premisas y de frases clave que han de pronunciar los personajes en ciertos momentos.

Os preguntaréis de qué va, aunque aún está muy verde el proyecto. Pero no lo voy a decir, solo voy a dejar este aesthetic por aquí y ya os contaré más adelante algo:

 

Si hacéis clic encima se hacen más grandess.

Ahora mismo me encuentro ilusionada. Voy mezclando ratos de documentación con ratos de escritura. Ratos buscando imágenes para inspirarme y ratos tomando notas en mi bonita libreta. Espero que la próxima actualización sea en unas semanas diciendo que voy a buen ritmo y que la historia está alcanzando unas cotas que no esperaba.

¿Es pronto para felicitar la navidad? A mí me ha venido este regalo antes de tiempo en forma de historia.

 

El silencio del «no».

Una de las cosas más frustrantes que ofrece la escritura (si se quiere publicar), es la espera de respuesta por parte de las editoriales a las que has enviado tu manuscrito. Da igual cómo redactes tu carta de presentación o lo que pongas en el cuerpo del mensaje. Si no te pones en contacto con ellas tras unos meses, no obtendrás respuesta. Y, aún así, la mayoría no contestará. Tendrás suerte si, al enviar tu obra, recibes un mail programado indicando que les ha llegado.giphy (1)Hace ya 4 meses de la última vez que una editorial me dijo que necesitaba más tiempo para analizar mi manuscrito. Que comprendo que cada una tiene sus ritmos. No debe ser nada fácil decidir qué publicar, por qué obra apostar, qué portada, presentaciones, merchandising hacer, estimar cuánto puede vender ese autor nuevo, qué tirada imprimir…

Pero hace 4 meses de la última información, más otros cuantos meses previos antes de preguntar por primera vez cómo iba la cosa. Por eso escribo esta entrada hoy; porque hace un rato que he vuelto a enviar varios correos por si alguien me puede decir algo. Que pensarán que soy una pesada, pero no soy nada invasiva. Creo que los tiempos de espera han sido suficientes. He respetado los periodos que indican en sus webs o correos programados.

giphy (4).gifA lo que quiero llegar es que no es tan complicado decir «no». No es tan difícil tener un mail ya preparado que copiar y pegar para desestimar una proposición. A los escritores nos aliviaría tener alguna forma de saber que no se nos ha olvidado en la bandeja de entrada como no leído. No es un drama obtener una negativa. Aunque reconozco que siempre te quedas un poco decepcionado. Pero al enviar tu obra sabes a lo que te enfrentas. Para bien o para mal.

Pero más que un «no», sienta peor el silencio. Quizá no a todos les pase, pero por ese mutismo yo sí sufro ansiedad y una frustración cada vez mayor. Sin nombrar la inseguridad que uno ya tiene de por sí y que se acrecienta. ¿Valgo para esto? ¿Soy tan pésima? ¿Pero me leen? ¿Será que tengo que abandonar este sueño? ¿Para qué me esfuerzo tanto?

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Sí, a veces me apetece gritar. Enviar una cantidad tan grande de correos para que mi nombre sature su bandeja de recibidos hasta que alguien me escriba: «Oye, que sí que te hemos leído. Para».

Pero entonces, ¿por qué lo hacen? ¿Por qué no contestan? ¿Es falta de organización? ¿Es falta de interés? ¿Es miedo  o lástima porque no quieren romper nuestros corazones?

Obtener un «no», no es desanimarnos. Y para nada es un fracaso. Es tachar de la lista únicamente un nombre para poder seguir en busca de otras oportunidades. Es dar la vuelta a tu discurso para ver si otro funcionaría mejor. Es reinventarse.

Siento toda esta parrafada. Hay cosas que no comprendo y que creo que jamás comprenderé. Pero pienso que hace falta un pelín más de empatía en esta clase de sectores. Cuando envío un mail no mando unas cuantas hojas llenas de letras. Es un compendio de esperanza, sueños, dedicación, sufrimiento, orgullo, experiencia, anhelos y tiempo. Es un trabajo solitario que requiere mucho esfuerzo y constancia. Es una parte de mí.

Pero bueno, todo esto es solo un pensamiento. No me voy a retirar de esta carrera tan apasionante ni a dejar de escribir. Seré mejor o peor. Gustará más o menos lo que tenga que decir o lo que tenga que contar, pero si me detengo, no podré llegar a mejorar. Solo toca armarse de paciencia y seguir.

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Jareth también sabe de esperar.

#ProyectoAgua y búsqueda de lectores

¡Hola, hola!

Hoy quería hablaros de cómo llevo el #proyectoagua, que en realidad tiene un título muy bonito y que, si me seguís en Twitter, ya sabréis. Como llevo más de 230 páginas y me falta como un 18% para terminar, supongo que puedo desvelarlo. Se llama La chica del corazón de agua.

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Portada que hice para el #NaNoWriMo 2016 y que no es oficial

Reitero que aún no lo he acabado, y es debido a que me encuentro en una situación personal que no me lo permite. Pero espero que, con esfuerzo, pueda ponerle punto y final relativamente pronto. Digo relativamente porque mi mente es un mundo aparte y gobierna mi motivación a voluntad. Es decir, que me la quita.

Pero no quiero ponerme pesimista. He venido a hablar de este proyecto de novela porque es importante para mí. Porque me está (o al menos me estaba) curando, y creo que es necesaria.

El título se debe a lo que representa la depresión. Es una historia que intenta romper con el tabú y con la representación que se tiene de esta enfermedad. No es un relato triste, si no que la introduzco como una metáfora, siempre intentando que se entienda cómo se siente la protagonista y por qué. Es más una historia de amistad, de personajes y de superación.

La chica del corazón de agua es Petra, que ha decidido trasladarse para estudiar en una universidad privada e independizarse. Está luchando contra esta enfermedad y el cambio, cree, que será bueno.

¿Por qué lo del corazón de agua? Porque al contrario de lo que se piensa, la depresión no es falta de felicidad, sino de vitalidad. Es cansancio, frustración, es pérdida de emociones e interés, de satisfacción. Y precisamente en esta pérdida es en lo que más me centro. De ahí el símil del agua. Porque no es que se deje de sentir. Porque se ríe, se disfruta, se ama… pero nada de eso se retiene. No dura mucho ahí dentro. Al final es como una piscina por la que se avanza lentamente, y aunque haya resistencia, se acaba atravesando. Así es con las emociones, es como si te atravesaran el corazón y acabaran por marcharse. Es sentir un vacío angustioso que no crees ser capaz de llenar jamás.

Obviamente, como podréis haber intuido, es ficción.  Una historia totalmente inventada, cuya protagonista poco tiene de mí y de mis circunstancias personales. Aunque sí tiene  mucha verdad. Aquí he plasmado mi experiencia personal con ello, lo que yo sentía. Por eso no quiero que se interprete como la verdad universal, porque es únicamente lo que yo experimenté en primera persona. Hay muchas variantes, como personas hay en el mundo. Cada una es diferente y puede sentir otras cosas porque precisamente entran en juego tantas variables: físicas, psíquicas y químicas.

No sé qué haré cuando la acabe. Me gustaría tener en este caso lectores beta sensibles, otros que hayan estudiado psicología y otros que no sepan mucho del tema y solo me quieran leer.

Así que esta entrada también es un anuncio: si entras dentro del perfil que indico, y te interesaría ser lector 0, deja un comentario o escríbeme a sonialerones@gmail.com hablándome un poco de ti y de por qué crees que te puede interesar o qué me puedes aportar para que mi historia quede redonda (experiencia personal, académica, entusiasmo, galletas, consejos…). Y, por favor, no te comprometas con este proyecto si piensas que no vas a poder sacar tiempo para leerlo o que va a quedar abandonado en tu escritorio o kindle. Necesito compromiso real.

¡Gracias!

Ganadores concurso + sorteo 1000 seguidores

¡Hola, hola!

Hoy os traigo al ganador del concurso de relato de sci-fi o fantasía que comenzó el 20 de marzo y que finalizó el 20 de abril. ¡La cosa ha estado muy reñida! Recuerdo aquí las bases por si te lo perdiste o no sabes de lo que hablo:

concurso

Debo reconocer que las primeras semanas pensé en cancelarlo por la poca participación pero, al final, se presentaron unos cuantos a última hora y me junté con unos relatos buenísimos. He disfrutado una barbaridad leyendo, y es que no pensaba que fuera a haber tanta calidad. Me alegro un montón de haber hecho este concurso solo por descubrir tantos mundos e historias diferentes. Todos, de verdad, sois unos pedazo de escritores.

Pero solo puede ganar uno. Y, tras quedarnos con dos finalistas, decidimos que el relato que más nos había gustado es:

Costura para granjeras tristes

que pondré íntegro más abajo. Así que… 🎉¡Felicidades Celia Añó🎉

(Estoy algo pillada de tiempo, así que intentaré ir a correos la semana que viene. ¡Voy a intentar que quede un regalo bonito! Así que pido paciencia).

IMG_20170426_104612456.jpgY ahora, ¡toca elegir al otro ganador por sorteo! Como veis, escribí todos los pseudónimos (excepto el del ganador del concurso) e hice papelitos. No se me dan muy bien las nuevas tecnologías, así que el vídeo del sorteo es un poco… en fin. Disculpad mis uñas mal pintadas. La falta de tiempo.

Tuve que cortar el principio porque se me cayeron los papeles, de ahí mi falta de interés en moverlos mucho más, porque ya puedo asegurar que quedaron bastante removidos.(Bueno, estoy bastante enfadada porque wordpress no me dejaba subir vídeos si no pago, así que me ha tocado estrenar mi cuenta de youtube para un vídeo de segundos).

🎉¡Felicidades, Marina!🎉 ¡Eres la ganadora de un ejemplar firmado de mi novela, Fugitivo!

(Me pondré en contacto con las ganadoras en un rato -más bien por la tarde-. Que al final esta entrada se ha comido prácticamente mi mañana).

Por twitter me comentasteis que estaría genial poder leer todos los relatos que participaron (que os aseguro que son buenísimos). Y estoy pensando la forma de hacerlo, pero no me decido. Si tenéis alguna sugerencia, podéis comentarme abiertamente por aquí o por mi cuenta de Twitter: @SoniLero.

¡Pero hoy le toca el turno al flamante relato ganador!:

Costura para granjeras tristes

Núria se despertó con el corazón roto.

Al levantarse notó que algo tintineaba dentro de su pecho. Sonaba a gorgoteo, a esquirlas y melodía de campanillas. La chica se sentó en el borde de la cama y se llevó una mano al pecho. No notó nada, solo angustia en vez de latidos. Entonces se dio cuenta que había estado llorando por la noche, lágrimas negras de nuevo, densas, pegajosas, que habían manchado las sábanas con dibujos de caras deformes y miradas ciegas. Todavía las notaba en sus mejillas como alquitrán reseco. Se restregó los ojos y al apartar la mano vio que el dorso se le había manchado de ese mismo negro algo violáceo. Suspiró, cansada, y volvió a acostarse. Cogió la manta y se cubrió con ella por entero, formando una improvisada crisálida de retales y estampado de ositos.

Y volvió a dormir, solo que esta vez no soñó. Dejó la mente en negro y se olvidó de seguir existiendo.

Afuera, su casita de madera se estremeció por el viento. Tenía que cuidarla, tenía que regar el huerto y evitar que los zorros atacaran su granja, pero ella solo quería seguir escondida bajo el edredón.

Una noche despertó. Tenía los ojos turbios, una sonrisa triste y los pelos de punta. Seguía sin fuerzas, pero se obligó a levantarse. Al hacerlo volvió a escuchar a los pedazos del corazón revolverse en su pecho. Era molesto: sentía cómo golpeaban las paredes de su caja torácica, arañándola, sacudidos por la inercia del caminar. Haciendo un esfuerzo, Núria se arrastró hasta el espejo ovalado que tenía en su tocador.

De pequeña, su cómoda había estado llena de libros de dibujos, horquillas de colores y lacitos para la ropa. Según crecía, acabó por llenarse de más manuales para leer, una caja de costura y balas de rifle. Hasta que un día lo tiró todo al suelo de un manotazo.

La muchacha se agachó y recogió su caja de costura del suelo, depositándola sobre el tocador. Con dedos temblorosos, sacó de ella unas tijeras y dedales.

Las hojas de las tijeras refulgieron, plateadas, en medio de la oscuridad. Tras un centelleo, empezaron a recortar la tela de la camisa de dormir. De arriba hasta el cuello, recorriendo en zigzag justo al lado de los botones.

La prenda cayó al suelo.

Núria se miró en el espejo. Su pecho era una amalgama de cicatrices, puntos y suturas torcidas.

Las tijeras chasquearon un poco y volvieron a cortar. Esta vez carne, siguiendo un nuevo patrón, un camino independiente del resto de puntos. La muchacha cortó mirándose en el espejo como si estuviera observando un cuerpo ajeno, extraño, el de otra chica como ella, pero sin ser ella. Cortó piel, traspasó músculo y alcanzó el hueso. Un cuadrado imperfecto de carne cayó al suelo.

Ahora en su pecho había un boquete cuadrado, una puerta hacia su interior. Núria se llevó las manos hasta el agujero y empezó a rebuscar en él. Hasta que encontró los pedazos rotos del corazón. Los sacó con sumo cuidado, evitando que se volvieran a romper, y los dejó encima del tocador. No se detuvo hasta que dio con todos. Contarlos fue sencillo: hacía tiempo que los había enumerado, de manera que solo tuvo que seguir los números y montarlo como si se tratase de un puzle. Los pedazos encajaban, pero no se sostenían: la muchacha observó cómo el corazón volvía a desmoronarse en veinticuatro trocitos diferentes.

Con un suspiro, sacó hilo y aguja y empezó a coserlo. Cuando terminó, levantó el corazón hasta la altura de sus ojos y lo escudriñó. No podía permitirse ningún error, ningún hilo suelto, ningún cabo mal anudado. No si así evitaba que se volviera a romper. Pero al igual que las otras siete veces, todo parecía estar en su sitio. Perfecto, sin margen de error o duda.

Núria bajó los brazos. Seguía sin entender por qué el corazón no funcionaba. Se le escaparon varias lágrimas más, todas oscuras como gotas de noche. El cansancio no se iba, pero era peor estar con el pecho vacío: tener corazón dolía, pero su ausencia era como arrastrar un agujero negro que absorbía el entusiasmo y la felicidad.

La chica guardó el corazón en un cajón del tocador. Lo cerró bajo llave y se fue hasta el armario. Sacó sus botas altas y una chaqueta con la que abrigarse, y salió afuera. El viento y una fina llovizna sacudieron su cuerpecillo. La chica se estremeció al notar como el aire acariciaba las paredes carnosas de su caja torácica. Se cubrió aún más con la chaqueta y, raqueteando, se arrastró hasta su pequeña granja.

Quizás el problema no era el corazón, sino el hueco. Tenía que buscar otro que encajara en su pecho.

Celia Añó.

¡Muchísimas gracias a todos por participar!

#NaNoWriMo2016

¡Hola, hola! Hace bastante que no actualizo el blog y es que por motivo de la celebración del #NaNoWriMo2016 y por un viaje y por otras cuestiones, no he leído apenas y abandoné un poco las redes sociales. Pero aquí estoy de vuelta para contaros cómo me ha ido el #NaNoWriMo (National Novel Writing Month).

Para quien no lo sepa, es una iniciativa que se lleva haciendo desde hace unos años y que consiste en escribir 50.000 palabras en un mes. Tiene su página web propia y puedes ir actualizando tu perfil con las palabras que vas escribiendo cada día. La verdad que es algo que motiva pues vas viendo tu gráfica y puedes ir comparando tus resultados con los de tus conocidos o amigos.

Es la primera vez que me apuntaba oficialmente, subiendo fotito de perfil, poniendo el título de la novela… y aunque me he quedado a mitad de las 50.000, para mí no ha sido un fracaso. ¿Por qué? Pues muy simple. La razón por la que me había unido era para darle un empujón a la novela que estaba desarrollando durante septiembre y octubre y la cosa ha avanzado mucho. Solo que, como veréis en la foto, a mitad de mes, el contador se paró.

nanowrimo

Si analizamos el gráfico se ve que del 12 al 15 estuve de viaje, por lo que no escribí. A partir de ahí, como perdí rutina, lo abandoné un poco y escribía esporádicamente. En estos últimos días sí he vuelto a coger el ritmo y espero que me aguante un tiempo. No suelo ser constante, y como me apunto a muchas cosas pues al final me falta tiempo. Así que cada novela que escribo tardo muchos meses.

Otra cosa que he descubierto en este mes es que no puedo escribir sin más. Tengo que releer lo de antes, reescribir partes… Y es que si no está bien para mí, no puedo avanzar. En el #NaNoWriMo la idea es escribir. Escribir sin más. Cuanto más mejor. Y luego utilizar los meses siguientes para ordenarla, pulirla… Pero yo no puedo. Y sinceramente, eso no me parece algo malo. Solo tardo más. Posiblemente en la relectura global, tenga menos cosas que reescribir o cambiar que si lo hiciera todo de seguido.

En definitiva, a pesar de que no haya conseguido escribir las 50.000 palabras, para mí ha supuesto un gran avance. ¿Lo haré el año que viene? Casi seguro que sí.